El Cristo de los milagros imposibles
El Cristo de los milagros imposibles

San Salvador. Son miles las personas que año a año peregrinan y llegan hasta el Santuario del Señor de Huanca con la intención de rendirle culto y pedirle milagros por los seres queridos que padecen enfermedades incurables o cayeron en desgracia económica. Lo cierto es que el fervor religioso se pone de manifiesto y el recinto enclavado en el Pachatusan vuelve a cobrar vida.
Pero la fe se remonta a través de los siglos y sigue convocando masas, al punto que los fieles llegan no solamente de las distintas provincias del Cusco, sino de todos los puntos del país e incluso de otros países.
La historia de la fe por el Señor de Huanca viene de la mano con la conquista española y la consiguiente explotación de los indios, así como la conversión al monoteísmo. De acuerdo a las crónicas que surgieron desde los inicios de esta adoración, en 1675, el Marqués de Valleumbroso descubre una veta en Yasos, muy cerca al actual santuario.
En esa atmósfera de opresión, el campesino Diego Quispe junto a otros que moraban en el poblado de Chinchero, es sometido al trabajo forzado en la mina de Yasos. No pasaría mucho tiempo hasta que el campesino hiciera sentir su voz de protesta por el abuso de los ibéricos y en una ocasión defendió a otro lugareño que era castigado a latigazos, sin contar que el capataz español ordenaría su encierro. La orden definitiva era que por su osadía Diego tendría que ser severamente castigado.
Presa del miedo, en la noche Diego pensaba en el duro castigo que recibiría, y decidió huir tomando el camino de Chinchero para ocultarse, para esto debía cruzar los montes de Huanca, mientras tanto la luz del día amenazaba con delatarlo.
Con la intención de buscar refugio, encontró unas rocas aglomeradas de tal forma que se asemejaban a una caverna. Diego, aún temeroso por el castigo que recibiría si lo encontraban, oró todo el día el Padre Nuestro y el Ave María.
Durante el día sintió los pasos de los españoles que lo buscaban, hasta que por fin llegó la noche y el campesino se dispuso a partir. Al observar el cielo se dio cuenta que no había luna. De pronto, una luz lo deslumbró, cegándolo al principio.
Se trataba de Jesucristo sangrante por los azotes recibidos, Diego estaba embargado por una emoción divina y permaneció inmóvil, casi fuera de sí, adorando a su Redentor. En ese instante, Jesucristo le dio un mensaje: "Diego, Diego, te he elegido para que seas una paloma, una paloma mensajera de mi bondad y misericordia, este lugar ha sido escogido para ser volcán de amor y un refrescante manantial de perdón, anda a tu pueblo, preséntate ante el cura, haz tu comunión y vuelve, yo estaré aquí al amanecer".
Diego se quedó dormido, rendido por el cansancio, por el hambre y el cúmulo de emociones. Al amanecer, Jesucristo habló con Diego: "Diego, levántate, ve a tu pueblo".
"¡Taytay! No ha sido un sueño. Esto es real, soy tu humilde siervo. Toma este obsequio Tayta Dios". Una simple crucecita de plata dejada al pie de nuestro Señor fue la primera adoración al Cristo de Huanca. Con el correr de los tiempos numerosas peregrinaciones vendrían desde los más apartados lugares a depositar su fe en Dios.

SEGUNDO ENCUENTRO. El mismo año, en el mes de junio, Diego Quispe cumplía su misión y partía de Chinchero guiando al cura de ese lugar, Urioste de la Borda. El campesino convenció también a otros lugareños para ir a Huanca.
En la comitiva también estaban algunos familiares de Diego, sólo ellos habían merecido el honor de conocer los pormenores de la divina revelación. Diego había huido de una mina, por eso guardó silencio para no delatar su presencia en el pueblo. La pequeña caravana bajó a la quebrada de Calca, cruzó las fincas de Villar y Uchumaca y empezó a subir la cuesta de Huanca. El cura Urioste detuvo a la caravana a mitad del camino.
Mientras Diego le mostraba el lugar de la aparición. El cura ordenó a Diego que entre a la caverna y se asegure de la presencia de Cristo, en breve Diego llamó al cura y efectivamente Cristo se encontraba en la caverna con las heridas frescas después de haber sido flagelado, mientras Diego llamó a los demás para ser testigos de la aparición.
Esta fue la primera peregrinación a Huanca, un puñado de humildes indígenas iniciaban un culto que con el tiempo convergería a millares de almas en busca de paz. Las tierras de Huanca eran propiedad de la orden religiosa de los mercedarios del Cusco, por ello Diego Quispe consideró que era necesario que ellos supieran de los extraordinarios acontecimientos. El comendador de la orden religiosa aceptó la palabra de Diego y decidió enviar un pintor a Huanca.
Uno de los más afamados pintores de la escuela cusqueña fue elegido para esta privilegiada labor. Diego Quispe informó al pintor de todos los detalles de la aparición y pintó sobre la roca viva la figura de Cristo.

UBICACIÓN Y ACCESO. El Santuario del Señor de Huanca se encuentra en la localidad que lleva el mismo nombre, en el distrito calqueño de San Salvador, a 50 kilómetros de la ciudad del Cusco. Los más fieles realizan el peregrinaje a pie, que dura más de 6 horas. Los turistas y nacionales prefieren cubrir la ruta en vehículos en una hora de viaje.