Tiene su casa repleta de libros. Alrededor de 5 mil textos que están en diferentes cuartos, salas, desván, sobre su cama, en todo lado. En 1997, Antioco Villanueva Cerrón desidió emprender el negocio de libros en Huancayo cuando el campo todavía era "virgen" y solo dos viejitos vendían revistas en el jirón Ica y Marañon. Hoy es uno de los libreros más antiguos de la Incontrastable, ha logrado armar una surtida librería y ya empezó a deshacerse de sus viejos amigos: los libros. "Mis hijos no leen, qué voy a hacer con esto", dice.

Estudió en el colegio Santa Isabel y en la Universidad del Centro, en ésta última fue alumno del fabuloso historiado Waldemar Espinoza. Luego volvió al Santi en 1996 como docente y allí nació la curiosidad de vender libros.

"Trabajaba en el Santa Isabel y vendía. Primero fue difícil, no había día de descanso y tenía que estar en la vereda vendiendo hasta altas horas", nos cuenta. Pero el negocio empezó a prosperar hasta que al gobierno se le ocurrió regalar los textos escolares.

"Para esa campaña yo había invertido una fuerte cantidad y cuando el gobierno empezó a dar libros gratis toda la mercadería se me quedó".

PIONERO. Su trabajo no se quedó allí, logró conseguir un puesto en la misma esquina del jirón Marañón y a ser concurrido. El lugar hoy es conocido como "El Hueco", y al igual que el jirón Quilca en Lima, es el centro librero de Huancayo. Antioco Volvió a la universidad, pero como vendedor de libros y sobre ello habla: "Allí compran poco. Uno compra, luego todos los amigos se sacan copia y nos lo vuelven a vender", dice.

Cada cierto tiempo, Antioco viajaba a Lima a traer una nueva cantidad de libros. "Los compraba del frente de la UNI", pero hubo un momento que lo dejó.

Hoy tiene una cadena de librerías "Jehová es mi Luz", pero aun no deja su pasión de vendedor de cultura.

"Huancayo es una ciudad que lee, pero el problema es que los libros son muy caros y por eso se desaniman", comenta.