En la deliciosa lista de los potajes más apetecibles de la gastronomía nacional, el Timpo de Carachi puneño ocupa un sitial especial, gracias a la silenciosa labor de Tomás Cruz Choquemamani, el gourmet del altiplano.
EMBAJADOR DEL CARACHI. Más que un simple gourmet, Tomás es un embajador del carachi y de la comida puneña en tierras lejanas. No en vano participó en importantes eventos culinarios en donde paseó al pequeñito y espinozo carachi en las mesas y en los paladares más exquisitos del país.
Tampoco es una novedad que el reconocido cheff, Gaston Acurio lo haya invitado a participar en un certamen de comida nacional, en setiembre, en donde se medirán las glorias de la culinaria nacional.
Representando a Puno, don Tomás tiene un poderoso haz bajo la manga: el carachi.
ENTRAÑABLE AMISTAD. Su relación con este pequeño pez de carnosidades humildes que vive en el lago Titicaca, se remonta a los años 80 cuando tenía 20 años. Tomás Cruz, como tantos jóvenes, se dió cuenta que el trabajo era un bien esquivo y la única manera de ganar unos ingresos era ayudando a su madre doña Casimira en la venta de caldo de carachi, en el mercado Bellavista.
Ahí empieza su romance con el carachi y con la que es ahora su compañera de toda la vida, Flor, a quien conoció en el mercado y con quien tiene tres hijos, todos metidos en el negocio del carachi.
Ellos alternan la universidad con el negocio familiar y, al igual que su padre, no tienen reparos en doblarse las mangas para extraer las vísceras del pescado.
"Toda la familia participa en el negocio, también mis familiares que me visitan ya saben que tienen que coger su carachi...", confiesa Tomás mientras filetea el pescado.
Humilde y afable con sus comensales, a quienes saluda con una sonrisa; el gourmet del mercado Bellavista no se preocupa de la competencia y de sus celosas vecinas de negocio. Es el único varón con delantal blanco en la larga fila de vendedoras de caldo de carachi. Pero en el mercado Bellavista, a orillas del Lago, todos saben que don Tomás es el amo y señor del Timpo de Carachi, heredero de una vieja tradición culinaria aymara, transmitida por sus ancestros a través de su madre Doña Casimira.
POTAJE AFRODISICADO. Los comensales hacen cola en el puesto de Tomás para probar este exquisito potaje con propiedades afrodisiacas. "Algunos dicen que vienen a reponer la tinta por que el lapicero ya no escribe, otros dicen que vienen a recargar las baterias, para estar full pilas en la noche", comenta. Tomás asegura orgulloso que a su puesto han llegado políticos y congresistas, como el caso de Aldo Estrada y Jhony Lescano, además de otras personalidades, tanto nacionales como extranjeras. "La mayoría viene para recargar las municiones", asegura. A 3800 metros sobre el nivel del mar, la culinaria de Tomás es probablemente la más alta del Perú y es quizá la más antigua receta dejada por los primeros peruanos.
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El gourmet del lago es un padre ejemplar
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