Lo que para muchos es basura y desperdicios, para otros es dinero. En tiempos donde las necesidades aumentan y no hay oportunidades laborales que permitan tener un vida digna y saludable, muchas personas encontraron en la chatarra una forma noble y honrada de conseguir ingresos económicos para subsistir.
Alejandro Ñaupari Yaranga, es un humilde quechuahablante, natural de Urpacancha de la provincia de Huanta que a diario trabaja como reciclador. Este oficio que inició hace más de 40 años le permite tener una vida digna.
Dice que este trabajo requiere de mucho esfuerzo, pues se levantaba a las cuatro de la mañana para salir con su triciclo junto a su menor hijo, en busca de fierros, latas, botellas de plástico, papeles y aluminio. Iba de casa en casa recolectando, en las calles y en los contenedores de basura para juntar estos objetos.
Su trabajo diario lo dedica a sus dos hijos desde que su pareja lo abandonó. Alejando es para sus hijos un claro ejemplo de valentía y prosperidad, pues a sus 75 años de edad con mucho empeño dejó el triciclo y logró comprar una camioneta de segunda mano gracias a sus ahorros obtenidos como recolector.
Objetos inservibles para muchos, son muy útiles para este humilde trabajador.
Ahora él trabaja junto a sus dos hijos, el mayor de ellos conduce la camioneta y Wilder de 14 años de edad le ayuda a recolectar los fines de semana, pues estudia en el colegio con el sueño de estar en la universidad y ser un gran profesional para apoyar a su papá.
Alejandro compra y vende estos objetos a 50 céntimos el kilo. Sus ganancia oscila entre 50 y 100 nuevos soles semanales, que permiten permiten cubrir su alimentación familiar y otras necesidades.
RIESGOSO. En febrero pasado, Alejandro sufrió un terrible accidente cuando recolectaba objetos en un basural cerca a su casa. Aquel día creyó que no podría trabajar, pues una pesada piedra le cayó en la espalda generando una fractura en su brazo derecho. Hecho que le imposibilita hacer su trabajo habitual de manera normal.
Es por ello que entre sollozos cuenta que requiere apoyo, el dinero que gana ahora no le alcanza, pues tiene que pagar las costosas medicinas para aliviar el dolor de su brazo y espalda. El trabajo diario lo ha debilitado bastante.
Al igual que Alejandro, muchas personas de la región se dedican al reciclaje, pues a diario buscan chatarras en las calles, removiendo los escombros y comprando de casa en casa para tener ingresos que cubra sus necesidades básicas.
"Todo trabajo es digno, y podemos salir adelante. Yo ví en n el reciclaje una forma para sobresalir y educar a mis hijos que buscan un futuro mejor y lo estoy logrando de a poco", destacó.

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