El odontólogo Adalberto Meneses Rivas por una denuncia de su esposa, Juana Echevarría. Ella lo acusó de tenerla dopada y secuestrada desde hace 12 años para que este pueda llevar a cabo su "afición": la creación de obras de arte con restos humanos.



Este "arte" u Osteociencia llamó la atención de la revista Correo Semanal quien le dedicó un informe en su número 17. Informe que a continuación reproducimos.



El señor de los huesos



Adalberto Meneses Rivas tiene un contrato con la muerte. A sus 64 años se dedica a coleccionar huesos humanos para hacer de ellos "obras de arte". Diariamente, en su casa de Pueblo Libre, ingresa a su taller a las 4 de la madrugada para practicar un rito que algunos pueden considerar macabro. El hombre saca de un costal de huesos un cráneo, al que podría examinar por horas. Si no encuentra algún rasgo patológico o anormalidad, pasa a quitarle la tierra con una cuchilla. Luego lo enjuaga en detergente y al secar empiezan los cortes. Retira con una sierra la tapa craneana y con un molde forma las bóvedas —huesos rectangulares—, que son la base de su creación.



TODO EMPEZÓ COMO JUGANDO. El primer contacto de Adalberto con los huesos se remonta a su adolescencia, como estudiante de Odontología en la Universidad Mayor de San Marcos, hacia 1968. Como parte de su instrucción debía estudiar el cuerpo humano, y así, profanó tumbas en los cementerios clandestinos de Villa El Salvador. Es en ese momento que su curiosidad científica lo empujó a un hábito incontrolable.



Para 1997, el odontólogo tenía en su poder varias cajas, bolsas y recipientes con restos óseos. No sabía qué hacer con ellos, hasta que su esposa e hijas lo motivaron a realizar obras de arte. Hoy su museo Juana Rosa OsteoCiencia y Arte ocupa toda una habitación con más de mil maquetas. Por ejemplo, presenta un juego de ajedrez: las piezas están talladas a partir de fémures, omóplatos y cúbitos. Todas están recubiertas de un barniz trasparente para simular vida donde hay muerte.



"Mi arte no es macabro", asegura Meneses. Y añade: "Los restos humanos son la parte tenebrosa, pero al terminar, cada pieza es algo más que muerte. Es vida". Cada hueso proviene de distintos lugares. Algunos fueron "obsequio" de sus colegas y amigos. Otros, del mercado negro de huesos, el mismo que abastece a miles de estudiantes de Medicina desde hace años y donde un esqueleto completo puede llegar a costar hasta S/.300.



En la habitación se respira un aire lúgubre. Las paredes están literalmente copadas por grandes cuadros hechos de cráneos humanos. "Son ocho personas por cuadro", afirma el artista. Todo el lugar está rodeado por artefactos óseos: un microscopio, copas, portaplatos, máscaras, panderetas, ceniceros, lámparas y un portabocaditos para bufet que —según cuenta Meneses— alguna vez cumplió su objetivo en una fiesta real.



LA MUERTE LE SIENTA BIEN. En la parte científica se encuentra un interés más racional. Los restos humanos que no se utilizan son expuestas como muestras patológicas: fracturas que soldaron naturalmente, deformaciones craneanas y tumores óseos son algunas muestras. "Así conozco algo de ellos", comenta mientras sostiene un fémur.

"Esto me permite saber de qué murieron, qué problemas de salud tenían y hasta si eran de provincia o no", enfatiza. Todas estas creaciones nacen de su imaginación y han sido expuestas en galerías municipales, colegios y universidades. Hasta el momento lleva quince presentaciones donde muestra hasta 600 trabajos. Sin embargo, su oficio no conoce legado alguno. Adalberto Meneses no tiene discípulos. Los pocos alumnos de la universidad donde enseña Estomatología no han recogido esa afición por tallar huesos.



"Jamás en todo este tiempo acumulando huesos han habido apariciones, ruidos o voces", advierte. Meneses llama a su materia prima "mis amigos".



Habla con ellos, se divierte en las oscuras noches de trabajo. Confiesa tener un afecto especial por cada obra. Está convencido de que mejor cuidados están en su residencia y no en los cementerios como vulgares 'NN'. "Guardo un profundo respeto por ellos, porque alguna vez fueron seres humanos", asegura.



Ahora este coleccionista de huesos trabaja en su última obra, un coliseo. Avanza a paso lento, pues las fuerzas ya no son las mismas. Acaba de ser operado y piensa que la muerte puede llegar en cualquier momento. Sus obras han sido un trabajo de una vida. "El día que muera quiero que mis hijas me conviertan en una maqueta ósea", sentencia. El deseo de Adalberto Meneses es permanecer siempre útil. Él, como sus obras, desean la inmortalidad. Texto: Alejandro Pérez // Fotos: Ana Vera