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El sigue siendo un paciente en coma, los esfuerzos que hacen las autoridades para remediar sus males no han sido suficientes. Hoy en día , la mortandad de ranas, por ejemplo, sigue siendo un problema. Hace unos años encendió la alarma entre los lugareños aimaras que clamaban por la protección de las especies nativas y el lago.

En mayo pasado, una mancha verde que olía a huevo podrido apareció flotando a lo largo de varios kilómetros en la bahía de Cohana, formada por la descomposición de desechos humanos, industriales y mineros que los ríos arrastran hasta las orillas de este lago que comparten Bolivia y Perú.

Con 8.400 kilómetros cuadrados, el lago Titicaca es el mayor cuerpo de agua dulce en América del Sur y el lago navegable más alto del mundo, a 12.470 pies de altura.

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“Si no se toman acciones urgentes la rana gigante del lago Titicaca (Telmatobius celeus) que ya se encuentra en alto riesgo de extinción, desaparecerá”, opinó el biólogo Arturo Muñoz, investigador del Museo de Historia Natural Alcide d’Orbigny en Bolivia.

Pero, no solo esta especie está en peligro, la minería informal atenta contra todas las especies de seres vivos que existen en el lago Titicaca. Veamos, según el Ministerio del Ambiente de Bolivia, un 60% de las 130 fábricas de El Alto operan ilegalmente y sus niveles de contaminación no se encuentran regulados. Un informe ambiental emitido el año pasado por la Autoridad Binacional del Lago Titicaca (ALT), arrojó que “la contaminación está en un nivel alarmante” en algunas partes del lago. El presidente de este organismo, Alfredo Mamani, culpa de la contaminación a las aguas residuales sin tratamiento que destilan hacia el lago un cóctel mortal de sulfuro de hidrógeno que está matando la flora y fauna de la costa, estas provienen de la ciudad de Puno y Juliaca, principalmente. Estudios de la ALT encontraron también niveles elevados de hierro, plomo, arsénico, bario y zinc en varias zonas del lago, provenientes de la actividad minera ilegal, principalmente en las cuencas de los ríos Ramis y Suches.

En el lado peruano, una gruesa capa de algas sigue creciendo como plaga en la bahía de la ciudad de Puno; los ríos Ramis y Coata continúan arrastrando residuos desde la Ciudad de los Vientos.

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Hasta ahora las medidas adoptadas han sido esporádicas, como la limpiezas de algas y basura acumulada en las orillas, dijo Mamani. “Es como limpiar una herida purulenta sin atacar la causa”.

Brigadas de limpieza del Ministerio de Medio Ambiente de Bolivia encontraron perros muertos, neumáticos y botellas plásticas en ríos que desembocan en el lago.

El discurrir de aguas servidas de ciudades de Bolivia y Perú no es el único factor. Más de la mitad de los habitantes que viven a lo largo de la orilla carecen de alcantarillado y descargan al lago, según la ALT.

SOLUCIONES. Ante esta grave situación, el presidente de la República, Ollanta Humala anunció que el Perú invertirá 470 millones de dólares en la construcción de diez plantas de agua en la ribera del Lago Titicaca, para tratar la contaminación. Anunció, además, que se prevé invertir 38 millones de soles en tres rellenos sanitarios y 7 millones de soles en la planta de tratamiento.

Estos trabajos, se ejecutarán junto al relanzamiento de la Autoridad del Lago Titicaca, institución que, según dijo, actuó con “mucha displicencia y lentitud” en los años anteriores.

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