Los últimos días del presidente Augusto B. Leguía fueron terribles para sus hijos. Enormes puertas doradas que cerraban el Panóptico (ubicado donde hoy está el Hotel Sheraton) separaron al exmandatario de sus seres queridos hasta el final de sus días, en 1932.
Hoy es un día especial. De recuerdo, reconciliación y reivindicación. Y también, el día del llamado "Padre de la Patria".
"Recuerdo bien el Panóptico -terminado en 1930- y sus enormes puertas doradas que se convirtieron en testigos silenciosos de tanta injusticia. En las veredas nos sentábamos mi madre, mi hermano y yo, en espera interminable para que nos dejaran entrar a ver a papá", recuerda acongojada Enriqueta Brígida Leguía Olivera, hija del expresidente.
Ella, hoy de 89 años, tenía apenas 8 cuando le tocó vivir el odio de los enemigos políticos de su padre, quien fue repudiado y querido a la vez. Escenas como la del encierro de su progenitor u otras que explican las verdaderas razones de la "Revolución del 30", las tiene intactas y le motivan a exclamar "justicia" y "reivindicación".

MEMORIAS. Dichos momentos, convertidos en memorias, son expuestos por Enriqueta B. Leguía en lo que es el último libro que escribe en su vida: En las garras del pasado.
"Es mi último suspiro por reivindicar a mi padre, injustamente acusado de tantas cosas. Él es el indiscutible "Padre de la Patria". Hizo todo lo que existe hoy, en obras y reformas. El libro no pretende el lucro, sino decir quién fue Leguía, a quien llamaban "papá" en Sierra y Selva", relata. Son 2,000 ejemplares impresos por Editorial San Marcos y puede ser adquirido en librerías Crisol y El Virrey.

Pedido al Presidente
En una carta abierta, Enriqueta Leguía le pide al presidente Alan García "poner en conocimiento de la Nación los tratados que protegen la integridad de las fronteras, obra del expresidente Augusto B. Leguía Salcedo, ahora que sobre el Perú se ciernen amenazas fronterizas".
áNGEL ARROYO