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Sandra Vergara tiene 29 años y la mayor parte de su vida se ha dedicado a trabajar para salir adelante. En febrero se convirtió en madre y, a pesar de haber cumplido los tres meses de licencia por maternidad, ha decido renunciar a su centro de labores, donde se desempeñaba como ejecutiva de cuentas, para no dejar solo a su pequeño Luis. Ella ha buscado una guardería, con personal profesional para cuidar a un bebé, pero no ha encontrado.

El problema -dice la flamante madre- es que no tiene con quién dejar al recién nacido. No conoce a nadie que pueda cuidarlo mientras ella trabaja y mucho menos dejaría a su primogénito bajo la tutela de una niñera que -como ella dice- “a veces no están preparadas para cuidar a recién nacidos y en otras pueden terminar robando cosas de la casa”.

“Prefiero quedarme unos años sin trabajar en vez de dejar a mi hijo en manos de cualquier persona. Si tuviera dónde dejarlo, sería diferente”, dice.

REALIDAD. Así como Sandra, existen cientos de limeñas que, pese a ser pieza fundamental en la economía de sus hogares, deben postergar su crecimiento profesional a cambio de no descuidar la seguridad de los más pequeños.

Así lo afirma Teresa Hernández, directora de Familia y Comunidad del Ministerio de la Mujer, quien explicó que una de las razones por las que la mayoría de peruanas decide no trabajar es porque no tiene con quién dejar sus hijos.

“Existe un déficit de cuidado diurno para los niños. El Estado tiene programas como Cuna Más que es para niños y niñas en pobreza extrema. Pero la población que no está en ese grupo no goza de estos servicios”, señaló.

Según Hernández, el sector privado debería implementar más centros especializados de cuidados para bebés, de manera que las féminas no dejen de crecer profesionalmente o abandonen sus trabajos.

Correo quiso averiguar cuántas guarderías existen en Lima y se dio con la sorpresa de que no hay un registro unitario de las mismas.

En el  afirmaron que es competencia de su par de Educación; sin embargo, al consultar con el área de Imagen, nos derivaron a la Unidad de Gestión Educativa (UGEL) Lima, cuya representante explicó que este tipo de servicio para los más pequeños depende directamente de los municipios distritales.

Es decir, no hay un ente rector que fiscalice este servicio y asegure que en él haya profesionales capacitados, como médicos, psicólogos, profesores de estimulación temprana y otros que se requieren para garantizar el cuidado de los más pequeños.

INICIATIVA. Pese a ello, existen algunos empresarios que apuestan por este rubro e implementan viviendas como centros de cuidado para menores. Otros lo hacen en infraestructuras preparadas especialmente para ese fin.

Uno de los proyectos que se desarrolla como una alternativa para mujeres que están en el campo laboral es el que implementa la Corporación Educativa San Ignacio de Loyola, que inauguró “Coloring Dreams” en Lima.

Según su creadora, Luciana de la Fuente de Diez Canseco, este centro de educación temprana no solo pretende servir de guardería para los menores, sino también para desarrollar sus habilidades físicas, intelectuales, emocionales y sociales desde la etapa prenatal hasta los cinco años.

“Este espacio fue ideado para que los bebés y niños desarrollen sus habilidades de manera temprana mientras sus madres están trabajando. Aquí contamos con enfermeras, nutricionistas y profesoras especializadas que saben cómo despertar las inteligencias de los menores”, expresó.

EMPRESAS. En Lima, algunos centros de trabajo públicos y privados han implementado guarderías para que las madres de familia puedan continuar su crecimiento profesional sin alejarse de sus bebés.

Lamentablemente, en el trabajo de Sandra no existe este servicio.

La representante del Ministerio de la Mujer, Teresa Hernández, opinó que los centros laborales deben -poco a poco- implementar espacios como cunas y centros de cuidado, donde los más pequeños pueden permanecer durante el horario de trabajo de sus progenitoras.