Frenia mueve asincopadas esas piernas de 61 años y su nieto pecoso le sigue el paso perdido, mientras el viento de cementerio expira su aliento de sus 44 pabellones. Es el Día de la Madre y no hay mejor que celebrarlo con los huesos de mamá.
"?toditas las noches cariñito/ me la paso en vela mi amor/ en ti pensando y por ti sufriendo/ Vuelve pedacito de mi vida/ yo te lo suplico por Dios/ no hagas desdichado a mi corazón?".
El pabellón Santa Adela se levanta de su catalepsia y llora su enésima muerte, derramando sus lágrimas en las botellitas de plástico de sus queridos nichos. Pero con sus incontables ojos ve cómo un dueto de bandoleros arma estridente jarana.
Toma mientras, dale, una más, sácale el jugo a esos 15 soles. Frenia sigue desafiando a la osteoporosis con el baile de la segunda canción, de las tres contratadas. Las palmas de la hermana, la cuñada y la sobrina mejoran el ritmo de ese moreno de pinta de salvaje que toca el cajón.
Era mi hermana, era alegre, era feliz?ahhh, era lo máximo. ¡Por ti mamá Charito! Tú que ves desde arriba a tus 11 hijos y 36 nietos. Toma carajo. Curiosamente Frenia Genoves habla de su hermana, como quien habla de la 'vieja' que está en casa cocinándonos el almuerzo. En tanto, por su lado pasa la sobrina -de mente amurallada- con una bebé de plástico, hablando hermosas incoherencias.
La música se apaga, el sujeto de pinta de salvaje y su guitarrista se levantan y se llevan sus bien ganados 15 soles, sin antes tocar esa marinera del huaquero (?Coba, coba, el coba al amanecer/ coba, coba, al anochecer...). Luego estos trotamundos se confunden entre otras gentes, otros huérfanos, otros fiesteros de muertos, en este día, Día de la Madre.
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Festejo a la madre muerta
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