Un reciente hallazgo en el Valle de los ríos Apurímac, Ene y Mantaro (Vraem) confirma que nuestra cordillera de los Andes, de norte a sur, fue parte de un gran fondo marino hace 480 millones de años.
Se trata, según el Instituto Geológico, Minero y Metalúrgico (Ingemmet), de los fósiles más antiguos encontrados en nuestro país. Son unos invertebrados marinos, de nombre graptolitos, que habrían vivido durante el periodo Ordovícico, en la era Paleozoica.
Los restos fósiles fueron ubicados en los distritos de Pichari y Kimbiri, en la provincia cusqueña de La Convención, a tan solo 80 kilómetros de la región Ayacucho, entre los centros poblados de Catarata y Nueva Alianza.
Riqueza
Para el ingeniero César Chacaltana, director de Geología Ambiental y Riesgo Geológico de Ingemmet, los graptolitos no son vegetales ni plantas fósiles. Él los considera animales invertebrados, ya extinguidos, y que tuvieron un rango de vida bastante específico. Además, indica que la importancia de este tipo de descubrimiento sirve para explicar la gran biodiversidad con la que contamos en la actualidad.“La cordillera de los Andes era un fondo marino. Ahora una persona va al Callao y ve el mar inmenso, pero si gira 180 grados y mira, podrá comprender que, en esas épocas, hace 480 millones de años, lo único que existía era mar. En todo ese lugar, nuestro mar era mucho más rico que el de ahora”, precisa.
De acuerdo con Chacaltana, los graptolitos eran seres pelágicos. Es decir, especies que vivían en aguas medias o cerca de la superficie.
“En nuestras recientes investigaciones hemos encontrado, inclusive, gusanos marinos que han convivido con los graptolitos”, agrega.
Para lograr identificar la data de las rocas más antiguas del Perú se estableció un convenio con el Consejo Superior de Investigaciones Científicas de España, donde se consiguió a un especialista mundial para analizar el terreno de fósiles que se registró en el periodo Ordovícico. Precisamente, estos restos hallados fueron presentados, durante la última semana, en España y Rusia.
Por ello, las investigaciones deberían ser ponderadas por nosotros y no pasar desapercibidas, pues son oportunidades de reflexionar sobre lo que encierran los suelos del país en distintas regiones, cada una propia de una amplia geografía.
“Tenemos que detenernos a conocer nuestras rocas, nuestros suelos, porque estos encierran muchos tesoros. Una inmensa riqueza que está dormida en algunos sectores pocos imaginados y explotados”, asevera el ingeniero César Chacaltana.
Territorio
La importancia de estos registros fósiles es que también permiten dar con la edad de nuestro territorio y ser elemento de comparación con otras unidades del continente. Con los vestigios hallados se puede estudiar la ubicación de una línea de costa de un océano antiguo, que abarca gran parte del suelo en que ahora vivimos.“Al ser el más antiguo nos marca una base. Vamos armando un rompecabezas y delineando cómo puede ser la morfología de este Paleocontinente hace 400 o 500 millones de años. Por eso la necesidad de realizar nuevas investigaciones”, precisa.
Economía
Sin embargo, las exploraciones realizadas por Ingemmet no son acciones aisladas con el único fin de situar el año en que se registraron los fósiles, sino también hay un trabajo de organización y orden del territorio, que se refleja en la actualización de la Carta Geológica Nacional.A través de ella, se puede identificar las zonas con potencial minero y energético, así como la identificación de aguas subterráneas y recursos geotérmicos.
“Las cartas geológicas van unidas siempre al desarrollo socioeconómico de un país. Tener nueva información y más detallada permitirá brindar información que repercutirá en la toma de decisiones a nivel gubernamental y de las compañías privadas para oportunidades de negocio o portafolios de inversión. Por eso, las empresas que quieren invertir en minería o petróleo compran un mapa geológico del Perú”, señala Chacaltana.
Es decir, conocer las unidades geológicas de nuestros suelos permite identificar la riqueza natural: los minerales, el petróleo, metálicos y no metálicos. Por eso, las empresas que quieren invertir en minería demandan el mapa para conocer la información del terreno que van a explorar.

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