"La idea es  volverlos guapos"
"La idea es volverlos guapos"

En la calle Antiquilla, la magia ocurre, el milagro de ser guapo y quedar "bonito", sólo vale diez soles. En este lugar, existen más de 20 salones de belleza todos con el mismo propósito, todos con la certeza de que un buen corte, para una buena ocasión, para un cambio de vida, para renovar el alma, de pareja o de trabajo es necesario, sobre todo cuando la vida se ha "horquillado".

Mercedes Onofre Apaza, propietaria del salón de belleza "Mechita", es una de las tantas mujeres que luchan por comprender a los exigentes clientes, varones y mujeres que buscan la belleza en un corte de cabello.

El día que la visitamos, contaba su historia mientras laceaba el cabello a una jovencita.

"Aquí los clientes entran y salen más bonitos, la ideas es volverlos guapos".

Nació en Puno y perdió a su madre a los 9 años. Es la tercera de cuatro hermanos, todos varones.

Durante su infancia en Macusani (Puno) su sueño era tener una tienda de abarrotes, por su mente nunca pasaron las tijeras, los tintes y los peines, salvó para peinar se ella misma o a su muñeca de pocos pelos.

"En 1990 llegué a Arequipa, a la casa de mis hermanos, cuando cursaba quinto de secundaria, esta etapa escolar la culminé en la nocturna del colegio Micaela Bastidas, la primera vez que obtuve un reconocimiento fue por un peinado que realice en el instituto, a mi no me gusto pero a mis compañeras y a mi profesora les encanto", narró Meche.

En su salón de belleza ubicado en la calle Antiquilla número 331, los cepillos, los peines, los tintes, las tijeras, el arte y mucha creatividad se pueden observar en un gran estante.

Hombres y hermosas mujeres de cabellos negros, dorados y castaños ingresan, lo curioso es que todos piden ser atendidos por Mechita.

Historia. "Una vez una señora vino a pintarse el cabello, ella deseaba un color platinado, se lo hice, recuerdo que comencé mi trabajo a las seis de la tarde, después me dijo que no quería ese color que deseaba un dorado, volví a realizar el proceso de pintado, después me volvió a decir con descontento que deseaba un dorado cenizo, lo hice, cuando termine mi trabajo cerca de las once de la noche le dije: "señora nunca más le vuelvo a realizar un peinado", y ella me contestó: "No, la única que me entiende eres tú". Hasta hoy después de diez años nos visita cada mes".

Cuando tomábamos las fotos de ella y de su personal habló sobre sus inicios en diferentes salones de belleza, con altos y bajos con: "no sirves", "anda a colonchar otras cabezas", "no puedes".

Pero sus ganas y su voluntad pudieron más. Callada y algo tímida, sonríe.En la sesión de fotos, sin embargo, junto con su personal se "suelta"; la pose de jefe la invade, una de las jóvenes a su cargo apocada y totalmente cohibida se esconde tras una secadora.

"Sonríe, imagina que estamos en una discoteca", expresa socarronamente. Su sueño es casarse, y tener clientes que cada vez que vayan rían, dejen las penas en el olvido y en las mechas de cabello; de modo que encuentren en el servicio, no solo un buen corte o un magnífico peinado, sino buenos amigos, una amistad que nosotros estamos seguros haber encontrado la vez que la visitamos.