Que Nadine Heredia ejerce un poder irresistible sobre su esposo, el bueno de Ollanta Humala, es algo evidente. No es necesario llamar al experto de Lie to me para comprender el ascendiente de la Primera Dama sobre la conciencia presidencial. Nadine ha demostrado ser una mujer perspicaz, intuitiva, dispuesta a todo por el protagonismo.

Le encanta, le fascina gobernar. Por eso, de la mano de la esposa de Pérez de Cuéllar, no dudó en pactar con la oligarquía para así allanar el camino hacia Palacio presentándose como una mujer moderna, de centro, moderada. En fin, una primera dama digna del papel.

La biografía de la presidenta refleja a la perfección el cursus honorum de cualquier caviar que se respete. Amante de Silvio Rodríguez y su pensamiento unicornio, un poquito radical cuando parlotea sobre ciertos temas y una calculada debilidad por las redes sociales forman parte del sello de Nadine. Pero hay algo más. En estos meses, capturado el poder, la presidenta ha dado muestras de una capacidad de adaptación que beneficia al país. Estas semanas nos han demostrado que la Primera Dama, en el fondo, no tiene más ideología que su firme voluntad de poder. O, más bien, que todo su pensamiento ideológico se subordina al tesoro del gobierno. A ella lo que le gusta es mandar. Si tiene que elegir entre dos modelos, escogerá el que asegure su permanencia en Palacio. Y punto.

Por eso, por su apetito de poder, Nadine Heredia se parece a Francisca Zubiaga, "La Mariscala", mujer y compañera de Agustín Gamarra, uno de los guerreros más lamentables de nuestra historia. Ahora bien, a diferencia de Nadine, que ayuda a consolidar el pragmatismo de su esposo, "La Mariscala" fue una influencia negativa porque alimentó la soberbia de Gamarra y no supo refrenarse ante las tentaciones del poder. Si el gobierno del Perú se encuentra sometido al loco deseo de un puñado de barones, el país entero peligra. Pero si el Presidente se arrodilla ante la autoridad de un carácter pragmático, hay, todavía, esperanza de salvación. Antes que sucumbir a la ensoñación utópica del socialismo del siglo XXI, es mejor ser gobernado por una Mariscala prudente. Ambiciosa, pero realista. Por eso, mientras Nadine mande, ojalá que prime el sentido común. Por el bien del país.