Nos trasladamos hoy desde la crisis griega y de Europa en general a nuestra querida Lima. Vamos a ver una pista de las miles en el Perú que necesitan mejoras sustanciales. Hoy vemos la carretera que sube de La Molina hacia la entrada de Manchay (casi 60,000 habitantes), sube al abra entre la cuenca del Rímac y del río Lurín (altura 650 msnm) y luego baja hacia el distrito de Cieneguilla (unos 30,000 habitantes), a la orillas del río Lurín, uno de los pocos ríos de la costa no contaminados por relaves químicos, mineros y de desagüe, por lo menos hasta sus últimos quince kilómetros antes de desembocar en las playas de Lurín. Cieneguilla es uno de los distritos más extensos de Lima Metropolitana, a pesar de su pequeña población. La vía que une el distrito distante a la metrópolis es una avenida de Lima con mucha circulación.
A pesar de la proximidad, el que transita por allí puede creer que está metido en una versión criolla del "Dakar". Saliendo de La Molina, a partir de Musa, las cosas se complican. Una avenida de ocho carriles se transforma en un camino de sólo dos vías, empezando por un tremendo "rompe muelles" al lado del cual a veces se instala la policía para hacer "batidas": los autos, las 4x4 y los taxis son revisados mientras que los camiones de desmonte pasan. Estos últimos generalmente están sobrecargados, con piedras encima de la tolva a punto de caerse, y carrocerías y llantas que no pueden haber pasado por ninguna revisión técnica, pero pasan tranquilos. Su desmonte lo tiran en las canteras de Manchay, al lado de donde la gente se ha instalado desesperada por encontrar un lugar para vivir.
Seguimos y pasamos la entrada a Manchay, en la cual se acaba de instalar un bienvenido semáforo, que taxis y buses violan, corriendo el riesgo de accidentes graves. Pero poco después esta pista de alto tránsito desaparece en una serie de huecos y baches sin asfalto: las combis, los moto taxis, los camiones y los autos luchan por un espacio en medio de esta jungla vial. Un poco más adelante uno cree que ya pasó lo peor, pero no: la subida al abra está llena de huecos de tal manera que los vehículos zigzaguean peligrosamente mientras que los que vienen de bajada corren a toda velocidad. La bajada a Cieneguilla está mejor, pero con un deterioro de huecos persistentes. A veces bajan lentamente más camiones de desmonte, pasando el letrero de "Cieneguilla-Distrito Ecológico", y buscan un sitio al lado del límpido río -en el cual hay camarones naturales- para depositar o mejor dicho "excretar" su contaminada carga sin pagarle un centavo a la Municipalidad de Cieneguilla. Esta última está tratando de poner orden, pero le es muy difícil luchar contra el caos de la informalidad.
Aquí hay varios temas. Uno es cómo explicarnos que un país que se jacta con justa razón de tener "grado de inversión" y un superávit presupuestal de casi 2 por ciento del producto bruto tiene tantas pistas en tan mal estado. No hablemos sólo de Cieneguilla sino de centenares de otras vías en Lima y en todo el Perú, sobre todo en la Sierra. Un solo ejemplo de actualidad: hace años que se sabía que la zona entre Cajamarca y Celendín es un distrito minero potencial de gran importancia (Minas Conga, Galeno, Michiquillay, entre otros) pero todavía no hay una pista de calidad entre las dos ciudades. Eso, más la falta de instalaciones de agua potable y saneamiento en los pueblos contribuye al caldo de cultivo antiminero de la zona.
La otra pregunta es: ¿quién es responsable? ¿La Municipalidad Metropolitana de Lima? ¿Las municipalidades distritales de Pachacámac y Cieneguilla? Lamentablemente tenemos la mala costumbre de pasarnos la pelota y el mantenimiento y las construcciones esenciales se quedan sin fondos. Es hora de hacer una reforma integral de responsabilidades entre el gobierno central, las regiones y las municipalidades provinciales y distritales para no seguir en la actual situación paradójica de tener pistas del "tercer mundo" cuando tenemos la plata, pero no siempre la ponemos adonde la deberíamos invertir.


