Mela nunca había visto un saxofón en su vida. La primera vez que lo hizo fue cuando su hijo César, por entonces de 5 años, le pidió inscribirlo en una sinfónica infantil municipal. Como no tenía con quién dejarlo, tuvo que asistir a las clases para apoyarlo.
Allí escuchó por primera vez los sonidos de los clarinetes y los saxos. Y por primera vez sintió el deseo de tocar ese instrumento que hoy la coloca como una de las pocas mujeres que toca saxofón y es directora de la orquesta Sensación Engreídos del Perú.
Mela Quispealaya López, a sus 48 años, después de aprender de los maestros enseñando a su hijo, ella para la olla en su casa y tiene una requerida oficina en el Parque Inmaculada, el paraíso de la música folclórica. Sus contratos le recibe en el jirón Ica 274.
¿Cómo pudiste aprender a tocar saxo siendo mujer?.
Con los maestros que le puse a mi hijo, y luego con profesores que contratamos varios padres de familia. Allí tenía un saxo que había comprado para mi hijo, pero terminé usándolo, junto con mi niño aprendí, practicábamos juntos, de allí ya toco hoy solo escuchando, con el oído y también puedo leer pentagramas. El saxo es mi idioma
¿Cuál es tu especialidad en la música? .
Toco de todo, desde valses, jazz, música clásica, hasta huaynos. Y puedo acomodarme a los requerimientos de los lugares a donde voy a tocar. En Huancavelica, por ejemplo, les gusta temas como coca quintucha; en Huancayo, huaylarsh o Santiago, en Ayacucho, el carnaval, y así por el estilo. Eso se debe a que desde temprano escuché a músicos como Bethoveen y de nuestra zona al violinista y compositor Zenobio Dagha.
¿Qué ha significado tocar varios géneros?.
Ha sido mi carrera, toda la experiencia. Entraban muchos ingredientes a mi cabeza, y de eso me salen cosas nuevas. Se creó fusiones musicales. Todos esos colores musicales no pasaron por mi vida simplemente, han sido vividos; yo he tomado lo mejor.
¿Cuál es tu trayectoria en el mundo artístico?.
He tocado acompañando a cantantes de renombre nacional como Susan del Perú, Rosita de Huaribamba, Haydée Raymundo, las Chicas Rosas y Claveles y otras. Con mi orquesta he llegado a todo el Perú, principalmente a Huancavelica, Ayacucho, Lima, Puno, Arequipa, Cajamarca, Satipo, Huánuco, Pasco, entre otros.
¿Cómo se siente estar al lado de artistas talentosas?.
Es todo un aprendizaje y una experiencia maravillosa. Se siente ser una profesional competente.
¿Tocas algún otro instrumento?
También me desenvuelvo bien con el tenor, pero el saxo es un instrumento ideal para mí.
¿Acostumbras a beber licor como buen músico?
No, no tomo cuando trabajo, además me expongo mucho a riesgos.
¿Cuánto puedes ganar en temporadas de contratos permanentes?
Cerca de 6 mil soles, pero en varios compromisos, lo malo es que te expones al frío, al viento, al clima. Muchas veces se trabaja en situaciones extremas.
¿Cuál es tu aspiración musical?.
No pierdo la esperanza de formar una orquesta femenina, ya tengo a dos amigas interesadas en el proyecto y a mi hija que toca violín. Estoy segura que llegaré a ese objetivo. Es momento que las mujeres lleven nuestros ritmos al país y el extranjero. Yo quiero dejar huellas en la música, no solo hacer dinero.
¿También cantas?.
Soltó unas risitas. Claro que sí. Me agrada los temas de Flor Pucarina, yo antes componía pero el accidente mortal de mis padres truncó esos objetivos de cantante.
¿Quiénes te apoyaron para ser una calificada saxofonista?
El apoyo del público ha sido fundamental para todo lo que he logrado en 12 años dedicados a la música y al saxofón.
¿En su familia quiénes son músicos?.
Mi César Guerra Ordoñez toca saxofón y clarinete,mi hijo César Guerra Quispealaya, 20 años, toca clarinete y estudia ingeniería mecatrónica, mientras que mi hija Rocío, 17 años, toca violín y estudia ingería de minas.
Finalmente, ¿qué lo hace feliz?.
La música, mi familia y el trabajo. El saxofón es el camino de mi vida que prácticamente se ha convertido en mi voz.

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