Foco de inquebrantable de peruanidad fueron las escuelas peruanas durante el medio siglo de cautiverio que tuvo que soportar Tacna como consecuencia de la infausta guerra con Chile.
Foco de inquebrantable peruanidad –decimos– porque supieron mantener en todo momento viva la llama de amor al Perú, especialmente durante la etapa de clandestinidad que duró de 1900 a 1929, etapa que fue la más dura y en la que se puso a prueba el temple de los educadores peruanos de entonces.
Durante los casi cincuenta años de cautiverio, el proceso educacional en Tacna comprendió dos etapas marcadamente diferenciadas en todo sentido: la etapa de cordialidad y la etapa de clandestinidad.
ETAPA DE CORDIALIDAD
La etapa de cordialidad, como denominan los historiadores a la primera etapa del proceso educacional durante el cautiverio, se inició inmediatamente después de firmado el Tratado de Ancón y concluyó antes de 1900.
Iniciada la ocupación chilena en 1880, se puso en funcionamiento en Tacna, Liceos de Educación Secundaria para varones y mujeres, a cargo de un rector y profesores para las diversas asignaturas. Se establecen en estos liceos cursos de historia de Chile, de preferencia con relatos, conclusiones y anecdotario que favorecen los intereses del invasor, así como gimnasia e instrucción premilitar, ensalzando por cualquier motivo la "chilenidad".
La política adoptada por Chile entonces fue una política de generosidad, intentando por todos los medios posibles ganarse la adhesión y simpatía de los peruanos que habitaban estas tierras cautivas (Tacna y Arica) para que cuando llegara el momento del plebiscito, estos se pronuncien a favor de Chile; poniendo especial cuidado en la selección de docentes, quienes eran específicamente elegidos para formar desde la más tierna infancia el sentimiento de amor al sureño país que trataba de imponer sus razones.
Muchos fueron los hijos de familias tacneñas que por razones económicas y otras de fuerza mayor se vieron obligados a seguir estudios en los centros educativos chilenos; en donde los profesores, cumpliendo consignas de sus superiores, trataron de inculcar en los educandos admiración por su cultura y costumbres, además de la adhesión a la patria chilena, a sus héroes y a su historia, con la tarea de hacer repetir frases o lemas, los que jamás dieron resultados positivos.
Así como hubo educadores chilenos duros, chilenizadores y partidarios únicamente de lo suyo, hubo también otros que supieron comprender y valorar los sentimientos patrióticos de los estudiantes peruanos, respetándolos.
Cabe destacar también que, paralelamente a estos liceos, funcionaron varias escuelas peruanas oficiales y particulares, con permiso de las autoridades de ocupación y dirigidas por eficientes maestros. El clima reinante en esta primera época, era de paz y cordialidad.
ETAPA DE CLANDESTINIDAD
Se inició hacia el año de 1890 para concluir el año de la entrega de Tacna al Perú, en 1929. A esta segunda etapa del proceso educacional vivido en Tacna durante la ocupación, se le llama de clandestinidad por la forma cómo durante ella fue impartida la educación peruana.
Durante los primeros diez años de ocupación en los que Chile puso en práctica un plan sistemáticamente elaborado, creando centros de enseñanza peruanos y trayendo personal selecto a Tacna y Arica con el propósito de ganarse a la población para sí, nada pudo lograr. Pues, su deliberado programa de acción benéfica no logró cambiar los sentimientos patrióticos y los ideales de libertad de la población cautiva. Su política sirvió únicamente para fortalecer el ferviente espíritu de fidelidad y amor a la patria.
La actitud de Chile cambió entonces. Se hizo violenta, cruel y despiadada ante la imposibilidad de trastocar el sentir de esta tierra, de este pueblo, por más elogios y comodidades que se dispensasen.
Con el pensamiento de que no era posible entregar a los maestros chilenizadores el corazón y la mente de la generación peruana, la Sociedad Peruana de Beneficencia de Arica ideó el establecimiento de escuelas clandestinas que empezaron a funcionar desde 1900.
La situación se tornó insostenible. Se notificó a los directores y propietarios de escuelas peruanas y se desató una tenaz campaña en contra de las mismas. Es entonces cuando salieron a relucir la personalidad, la decisión y el profundo amor a la patria ausente por parte de educadoras de la talla de Zoila Sabel Cáceres, quien ante la injusta medida respondió: "como peruana y tacneña, yo mantengo y mantendré abiertas las puertas y ventanas de esta escuela que dirijo; dígale al señor intendente que la suscrita no se amilana ante la notificación y que si desea clausurar esta escuela que venga personalmente a cerrarla."
Esta valiente tacneña fue expulsada de Tacna por expresar la idea de libertad y no admitir la imposición de la historia y geografía de Chile; viviendo y trabajando como maestra en Arequipa hasta retornar definitivamente a Tacna después de la reincorporación.
Asimismo, la valentía de Lastenia Rejas de Castañón, quien desde muy joven se dedicó a educar niños y niñas en una escuela particular clandestina; siendo esta cerrada y, algunos años después, ella y sus familia se vieron obligados a abandonar Tacna debido a la persecución de la que era objeto por "propagandista de la causa del Perú".
A la sombra de la clandestinidad se estrecharon entonces más los vínculos con la patria ausente, se intensificó el amor y la fidelidad al Perú porque cada maestro era en ella el faro luminoso de la inquebrantable peruanidad.
Un día antes del 28 de agosto de 1929, llegó a Tacna el primer contingente de maestras y maestros peruanos que se harían cargo de las escuelas y colegios nacionales; integrando este selecto grupo de educadores estaban la señorita Rosario Araoz como directora; la secundaban Florinda Parodi, Alicia Alonso, Brunilda Fernández, Ondina Araoz, Elena Zegarra, Mercedes Cáceres, Virginia Labbé, Enriqueta Guerra, Magdalena Barroso, Erlinda Urrunaga, Olga Falco, Aurora Tejada, Angela Milano, Rosa Sarmiento, María de Elguera, Dafne Espinoza, y María Eugenia La Fuente, entre otras personas.
Hace ya casi tres décadas que conversé con María Eugenia La Fuente, quien muy jovencita fue seleccionada para trabajar en Tacna, recuerda con mucha emoción su llegada a bordo del vapor "El Mantaro" y, sobretodo, el ambiente del 28 de agosto de 1929.
- ¿Qué recuerda de aquel viaje a la Tacna cautiva?
- "Los días vividos por entonces jamás podré olvidarlos. Nos embarcamos en el puerto del Callao el día 24, a bordo de "El Mantaro", la travesía a lo largo de nuestro azul e inmenso mar duró cuatro días. Llegamos al puerto de Arica el 27. Al avistar el Morro aún cautivo, la emoción de cuantos veníamos allí fue tan grande que muchos rompimos a llorar... Era la patria, la patria amada que doliente pero serena y altiva, nos daba la bienvenida. Desembarcamos e inmediatamente abordamos el ferrocarril hacia Tacna. Llegamos aquí alrededor de las siete de la noche. A los docentes no nos habían encontrado alojamiento y nos ubicaron en una casa desocupada que pertenecía al señor Urrieta, allí nos acomodamos".
Doña María Eugenia me mira largamente, un vendaval de recuerdos parece haber estallado en su mente, un brillo especial juguetea en sus ojos. Con voz suave, pausada, temblorosa, me dice:
- "El día 28 muy temprano nos levantamos, nos aseamos y ya listas salimos a hacer un rápido recorrido por la ciudad. Algo que me impresionó grandemente y que aún hoy al evocarlo lacera mi corazón de mujer y de peruana: fue el toparme con aquellas cruces negras en muchas de las puertas de los tacneños de entonces, a quienes la horda enemiga había marcado para darles muerte".
Y es aquí donde la voz se le quiebra y doña María Eugenia prorrumpe en llanto. Sin duda, el tropel de recuerdos ha sido demasiado fuerte. Mirándome entre vacilante y compungida, me dice: "Perdóneme es la emoción de los recuerdos, es algo que no puedo evitar..." y entre lágrimas como quien eleva una oración, evocando sin duda a los Mártires de Arica, recita estos versos de Federico Barreto: "De mi suelo natal estoy proscrito, / y al verme aquí, tan lejos de mis lares, / la indignación ahoga mis pesares, / y en lugar de una queja, lanzo un grito..." y un blanco pañuelo vuelve a enjugar sus lágrimas.
- ¿Qué recuerda de la ceremonia de entrega?
- "Fue algo indescriptible. La plaza estaba copada de gente. En la Prefectura estaba el Ministro Plenipotenciario Dr. José Rada y Gamio, estaban también los demás integrantes de la Comisión peruana y chilena, todas las principales autoridades... de pronto, se vio arriar la bandera chilena..."
Nuevamente la tormenta de recuerdos ha echado por tierra la fortaleza que en todo momento doña María Eugenia La Fuente pugna por mantener, una nube de lágrimas empaña los cristales claros de sus ojos, se le quiebra la voz por segunda vez y el llanto de las emociones revividas se desborda incontenible... Se enjuga las lágrimas y prosigue su relato: "Imagínese, ¡qué momento tan solemne!, la gente lloraba y el grito de admiración ¡Viva el Perú!, ¡Viva Tacna! Salía de todos los labios de los miles de peruanos allí presentes, que no se explicaban por qué es que no se podía izar el Bicolor Patrio... algo había sucedido, los chilenos habían malogrado la driza para que esto sucediera..., de pronto, de entre la multitud se vio salir a un jovencito con una bandera peruana en los brazos y dirigirse hacia la torre izquierda de la catedral y una vez subido en ella izó en lo más alto la bandera roja y blanca de la patria... la emoción había llegado al clímax, la gente se arrodillaba y besaba la tierra por la inmensa emoción de volver al Perú, lágrimas incontenibles se desbordaban de las cuencas de millares y millares de ojos... El Himno Nacional, nuestro himno resonó más vibrante que nunca aquel día... en los balcones apareció el Ministro Dr. José Rada y Gamio, quien habló al pueblo".
Inmediatamente después de la entrega, esto es, el día 29 se empezaron a recibir las cosas de la administración chilena en los locales escolares; se levantó un inventario; en palabras de la educadora María Eugenia La Fuente "se inició la implementación del local que fue del Estado chileno y se procedió a realizar las matrículas, de tal manera que las clases se iniciaron el 16 de setiembre con una ceremonia especial en la que estuvieron presentes también los padres de familia".
Así, con las evocaciones de María Eugenia La Fuente, testigo presencial del retorno de Tacna al Perú, e integrante del primer contingente de docentes que vinieron a prestar servicio en las escuelas y colegios de Tacna, después del 28 de agosto de 1929, cierro esta página del recuerdo.E
Con el pensamiento de que no era posible entregar a los maestros chilenizadores el corazón y la mente de la generación peruana, la Sociedad Peruana de Beneficencia de Arica, ideó el establecimiento de escuelas clandestinas que empezaron a funcionar desde 1900.


