Cuando le dijeron que no podría acceder a una beca de estudios, todas las ilusiones de Ruth Ortiz Quispe (18), se desmoronaron. Su sueños de ser ingeniera, y sacar adelante a su familia, le parecieron inalcanzables.
La joven explica que habiendo terminado el colegio en Cuzco, se contactó con el programa Beca 18, postuló a la Universidad San Ignasio de Loyola (USIL), donde ingresó con un buen puntaje. No obstante, la institución le exigía un certificación de pobreza.
"La USIL me emitió una constancia de ingreso, y municipalidad de Cuzco evaluó mi condición económica y me entregó un certificado que acreditaba mi condición", refiere Ruth.
Sin embargo, semanas después, cuando volvió a llamar Pronabec, para consultar sobre el inicio de clases en la universidad, le dijeron que no accedía a una beca por haberse cambiado de colegio en tres oportunidades.
"Nuestra situación nos obligaba a migrar buscando trabajo. Pero siempre estudié en estatales. Mi madre y yo trabajamos en chacras, ni tenemos casa propia. Pido que verifiquen mi situación", pide Ruth.

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