Ruth Buendía ganó el premio Goldman por su defensa a los pueblos indígenas. Esta peruana, quien vio cómo por culpa de "Sendero luminoso" su padre fue asesinado, luchó gran parte por los derechos de la comunidad indígena. Ella ahora exige la entrega de títulos de propiedad para su comunidad, por ser pueblos originarios de la zona del río Ene en Junín.
En diversas emisoras, tanto radial como televisivas, dijo que el Gobierno Regional de Junín se niega a cumplir con esta demanda aduciendo falta de presupuesto, pese a que han recibido una partida de 250 mil dólares de parte de la Comunidad Europea para este fin.
Buendía Mestoquiari afirmó que tiene los documentos entregados por el gobierno regional denegando su petición. Sin embargo, en la zona existen colonos que no son de su comunidad que tienen títulos reconocidos por el Estado.
De otro lado, lamentó la falta de interés del gobierno central en atender su demanda de docentes bilingües debidamente preparados para las escuelas asháninkas y también de la implementación en la posta médica. "Nuestros niños se mueren por enfermedades", contó.
LÍDER. La lideresa indígena, Ruth Buendía Mestoquiari, recibió un reconocimiento de la Fundación Ambiental Goldman por su labor y demandas judiciales que ayudaron a truncar los planes de ejecutar proyectos hidroenergéticos sin consulta previa y que podrían haber generado daños irreparables en el medio ambiente y desplazamiento de miles de personas. Buendía es parte de la tribu Asháninka. Y es presidenta de una organización llamada Central Asháninka del Río Ene, que defiende los derechos de esa comunidad.
En 2010, un convenio energético, firmado entre Perú y Brasil, creó el camino para la construcción de represas hidroeléctricas. Estas represas inundarían los territorios Asháninka, destruirían pueblos y más de 10.000 personas serían desplazadas. Buendía detuvo, legalmente, la construcción de estos embalses.
Hoy, por ley, el gobierno peruano debe consultar a los pueblos indígenas sobre estos proyectos. En 2010, Lima no consultó con los Asháninka. Una de las exigencias de Buendía es que el gobierno les consulte e informe. "No estamos contra el desarrollo, pero sí lo que nosotros queremos es que nos tienen que consultar, informar de cuáles son los impactos ambientales y sociales", señala Buendía.
Asegura que todo lo que hace es en memoria de su padre, quien cuando ella tenía solo 12 años, fue asesinado por un grupo de asháninkas que en ese momento se unió con los terroristas. "Gracias a Sendero Luminoso mi pueblo, que era tranquilo, se convirtió en desconfiado, no sabíamos quienes estaban con ellos y muchos tuvieron que dejar la comunidad.
Sufríamos del abandono del Estado y luego que mi padre fue asesinado a traición, mi madre y mis cinco hermanos nos fuimos a otra comunidad, luego a Satipo donde me dio a una señora para trabajar como empleada del hogar y así no me faltó educación y alimentos", dice.

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