La expresión más exacta del rico e imponente acervo cultural de los Andes por la fuerza conmovedora de su música y su pausado movimiento en danza son "Los Ayarachis", que mitológicamente habrían copiado su música de los vientos que recorren las altas punas del altiplano para convertirla en la expresión musical de las cordilleras bravías de la provincia de Lampa.
Danza que se conserva hasta nuestros días entre leyenda y mito que se transmiten de generación en generación. Y es que tras la ejecución del Inca Atahualpa la catástrofe repercutió en todo el Imperio como una tempestad llevando desolación a todos lo ámbitos.
Cruda realidad que obligó a la raza originaria a refugiarse en las altas cordilleras, hasta donde no podrían llegar los tentáculos de la ambición y sed de matar de los conquistadores llegados a estas tierras. Desde entonces se cobijaron junto a las nieves perpetuas para llorar y expresar su dolor por la caída de sus hermanos en las tristes y dulces melodías de sus cañas.
Dicen muchos estudiosos que su danza representa la presencia de los suris o cóndores, los auquénidos cordilleranos que les prestan sus plumas para adornar sus amplios sombreros, sus cueros para templar sus sonoras cajas y su lana para tejer sus trajes, para que muestren al mundo como extraños y singulares personajes que aún viven en armonía con la Pachamama o Madre Naturaleza.
Su música se resume en una bella sinfonía de vientos que nace de las cañas de sus zampoñas y es de carácter dulce, triste y melancólico que solloza en las manos del Ayarachi que pareciera arrancarle un bello poema a su tristeza.
Para disfrutarlo hay que escucharlo en su propio escenario o quizás en las puertas de aquellas capillitas que se alzan en las altas cordilleras, a los que ya ha llegado la religión católica y en homenaje a algún patrón o patrona del santoral occidental.
Finalmente, los ayarachis seguirán siendo el pasado y presente de nuestra cultura. Su música nos recordará esa vieja tradición de la caída de nuestro Imperio y en su música arderá el sollozo de su danza que inclinándose sobre sus zampoñas soplarán la melancolía de su pasado, que hoy la admira el mundo entero.
Esta danza ritual que es símbolo de una verdadera resistencia cultural seguirá viviendo en el alma y el corazón de los habitantes de las alturas de Paratía y de Lampa como un recuerdo vivo de nuestra riqueza cultural, que a pesar de más de quinientos años de quererla erradicar sigue viva en devoción a la Mamita Candelaria .
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Los Ayarachis,
danza ancestral
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