En este callejón del jirón Ancash, aún se respira aires del siglo pasado. Cinco hombres sentados frente a sendas máquinas de escribir, parecen fantasmas que se niegan a desaparecer. El tiempo transcurre frente a ellos, pero en la sombra de su reducida oficina nada ha cambiado.

El incesante tac-tac de las teclas, el olor a tinta y papel, llenan el ambiente, donde Tomás Guillén, Román Gonzales, Victor Mayor, Erasmo Coca y Maximiliano Gutarra con sus máquinas de escribir Olivetti, Olympia, Remington, Royal, entre otras, desafían la modernidad de los ordenadores y el internet.

"Estoy haciendo una solicitud para la agencia municipal del anexo de Aza, a fin de poder enterrar a mi madre en el cementerio", dice Teófilo Huaroc Casto, quien viste de negro por tan irreparable pérdida. Agrega: "para cualquier documento siempre acudo a estos escribanos, por la garantía de sus trabajos y los precios módicos".

"Nuestros servicios son para la gente más necesitada, humilde, del campo, de las periferias. Vienen por solicitudes, oficios, cartas, declaraciones juradas, apelaciones y reclamos a diferentes entidades", afirma Román Gonzales.

"He venido a hacer algunos documentos para dar respuesta al Concejo", señala otro cliente que no quiere identificarse.

Pero de vez en cuando, dice Román, vienen algunos profesionales con aires de soberbia, "que lo saben todo, pero al final nosotros le damos escuela, porque la universidad de la vida nos enseñó cómo redactar, presentar y fundamentar con bases legales un documento".

Mientras coloca dos hojas en blanco y entre ellas un papel carbón sobre el rodillo de su Olympia, agrega: "antes éramos cerca de 20, en ese entonces todo era mecanizado, inclusive hacíamos tesis, pero ahora no llegamos ni a la mitad, las computadoras nos han quitado algunos clientes pero todavía somos necesarios".

"Hasta 1996 nos ubicábamos debajo de las escaleras del municipio de Huancayo, luego nos trasladamos por un año al Coliseo Municipal y por último llegamos a este rinconcito", explica Tomás Guillen, isabelino promoción 1971, ex soldado y funcionario público.

"Podríamos entrarle a la computación, pero demora imprimiendo y a veces falla si no se manipula bien. Acá la gente viene y al toque nomás quiere que se le atienda, esa es la razón porque seguimos con las máquinas", asegura, mientras desempolva su herramienta.

Recuerda que su máquina de escribir la adquirió a 20 soles. "Un cliente me lo trajo hace años, funciona perfectamente, no le falta una tecla y ya recuperé su precio", indicó.

¿Y los insumos? "Hasta el 2011 aún se vendían las cintas en las librerías, ahora uno tiene que ingeniárselas, por ejemplo, yo compro la tinta de tampón y lo paso en las cintas gastadas y las reutilizo"", dice uno de ellos. "Hay que tener nociones para hacer este oficio, mucha lectura y los 10 dedos a full", explica y teclea sobre un papel en blanco que de a pocos se llena de letras.

Entre 20 y 40 soles diarios son las ganancias de cada mecanógrafo. "Los precios varían de acuerdo a la extensión", dicen.

Asociación de Mecanógrafos José Carlos Mariátegui se denomina el grupo de los 5 hombres.