La vida no le dio brazos ni piernas a Miguel Ángel Salinas Tantaquispe, pero sí una singular personalidad, inteligencia y simpatía que cualquier chico de su edad ya quisiera tener.
El adolescente de diecisiete años y de solo 55 cm de estatura ha logrado ingresar a la Universidad Nacional de Trujillo (UNT), región La Libertad, obteniendo el primer puesto en la carrera de Derecho. Para Miguel Ángel, la focomelia que padece -una enfermedad que no permite el desarrollo completo de las extremidades- no ha sido un obstáculo para alcanzar sus metas y seguir soñando.
PERSEVERANCIA
Ángela Tantaquispe, madre de Miguel, cuenta que cuando vio a su hijo por primera vez lloró desconsoladamente.“Los médicos me dijeron que no llore, que sea fuerte, porque en comparación con otros niños el mío era bonito y que en el futuro se le podría poner una prótesis”, recuerda la humilde comerciante, quien asegura que le costó “lágrimas” sacar adelante a su tercer hijo, pero sobre todo luchó para enseñarle que la vida no tenía límites.
Desde entonces, Miguel Ángel aprendió a sonreírle a la vida y a esquivar la indiferencia de aquellos que no entienden su situación. Como aquella vez, cuando un chofer de transporte público lo bajó del vehículo porque no pudo subir rápido a la unidad o cuando fue al estadio Mansiche de Trujillo y no lo dejaron ingresar para vender sus golosinas, dinero con el cual solventa parte de sus pasajes y materiales para su educación.
ES AUTÓNOMO
Como cualquier otro joven de su edad, Miguel Ángel realiza sus tareas, usa la computadora, puede subir solo al bus, juega fútbol y hasta realiza piruetas arriesgadas, cuenta la administradora de la academia preuniversitaria Universal, Cinthya Valverde Matute, quien lo invitó a ser parte de su institución cuando aún cursaba el quinto año de secundaria en un colegio nacional.“Él es un chico que se desenvuelve como uno más. Nunca hemos tenido ningún tipo de limitación con él (...), porque también a él le gusta que lo tratemos como a otro chico de su edad. Es muy cumplido, puntual y no aprovecha de su condición para obtener ciertos beneficios”, señala.
Cinthya Valverde precisa que Miguel Ángel ha transmitido a los demás estudiantes y adultos las ganas de seguir adelante y persistir ante las adversidades. Por ello, dijo que una forma de ayudarlo a continuar sus sueños es brindándole facilidades para que pueda seguir trabajando o apoyándolo con los libros o materiales que necesitará para su formación universitaria.
“Yo quise pagarle el último examen de admisión, pero él se negó. Me dijo que ya había logrado juntar el dinero. Él contó que su madre le enseñó a ganarse las cosas”, aseveró.
GRAN ALUMNO
Johnny Elmer Guevara Pineda, docente de la citada academia, califica a Miguel Ángel como un alumno “extraordinario” y no solo por su habilidad en las matemáticas y su buena expresión ante el público, sino también por su perseverancia en la vida.Confiesa que cuando lo conoció por primera vez pensó que era un chico con limitaciones académicas, pero se equivocó.
“Fue absolutamente todo lo contrario, “Miguelito” era y es ahora más un muchacho absolutamente seguro de lo que quiere, que no tiene límites en sus sueños y los va consiguiendo poco a poco”, dice el maestro.
Recuerda que en una de sus clases mencionó la palabra discapacitado para referirse a Miguel, pero de inmediato el adolescente lo corrigió y le dijo: “Disculpe, ‘profe’, yo no soy discapacitado, yo tengo habilidades diferentes; discapacitados son otros”, señalando a otros estudiantes que no prestaban atención a la clase.
Miguel Ángel, quien también es un asiduo lector, dijo sentir una satisfacción inmensa por haber alcanzado una vacante en la UNT. Asegura que siempre se ha acostumbrado a hacer las cosas y estudiar como los demás adolescentes. Por ello, les aconseja que siempre sean felices y que nunca se rindan ante las adversidades.
“La vida es dura y cruel, pero hay que sacarle una sonrisa”, afirma el ahora universitario, a quien en el futuro le gustaría ser congresista o funcionario y hacer política, pero de la buena.

