Entre la belleza andina de nuestra sierra, rodeada de cerros y cultivos, cientos de niños de escasos recursos económicos, sobreviven con la esperanza a base de papa y olluco.
Y es que el centro poblado de Racracalla, en el distrito de Comas, la mayoría de los pobladores viven de la agricultura y la ganadería, sus cuatro barrios que albergan a más de 800 niños y que a pesar de la pobreza extrema en la que viven, no pierden la esperanza de que esta navidad gente de buen corazón, como usted amigo lector, le hagan llegar un juguete, puedan tener una taza de chocolate y un pedazo de panetón que llevarse a la boca.
A pesar de que sus padres se dedican a la ganadería, estos niños rara vez tienen un vaso de leche que beber, debido a que la leche es vendida para comprar otros alimentos. Y si alguna vez alguien les regala un juguete, este es compartido con sus numerosos hermanos.
Correo llegó hasta los barrios Achin, Bellavista, Marancocha, Jatun Huasi y Racracalla, donde corroboró la pobreza en la que viven estos pequeños, que se cobijan en viviendas rústicas, sus alimentos son cocinados a leña o con bosta de vacuno, sus cuerpecitos están cubiertos con ropa que tiene más de una enmendadura, con ellos buscan protegerse del intenso frío y la copiosa lluvia, que por estos días cae en este lugar.
Prácticamente pasan los días solos, pues su padres salen muy temprano a trabajar la tierra o pastar su ganado, los mayorcitos tienen que cuidar a los más pequeños.
Algunos de ellos tienen la desdicha de no tener a sus padres, algunos viven con solo uno de ellos, o con sus abuelos, sin embargo en sus corazones no pierden la alegría y la esperanza.

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