Orquesta Sinfónica del Cusco
 deleitó a propios y extraños
Orquesta Sinfónica del Cusco deleitó a propios y extraños

Suenan los pututos. Es la primera vez que se incorporan estas piezas de factura precolombina en la música de cámara y el regocijo se adueña de los corazones de muchos de los cusqueños en sus butacas. Es el Corpus Christi y con esta versión no hay mejor homenaje para Baltazar Zegarra Pezo, autor de la pieza y uno de los "cuatro grandes" de la música cusqueña.
Creada hace tan sólo un año atrás y conformada por 40 jóvenes profesionales de la música, la Orquesta Sinfónica de Cusco se ha encargado de devolver a la vida piezas que habían quedado en el olvido: "Las presentaciones que ha tenido la Sinfónica con motivo de las fiestas jubilares del Cusco son las más importantes y significativas a lo largo de todo el año ya que uno de los objetivos principales de la creación de esta orquesta fue justamente la revalorización y el rescate del gran legado musical del Cusco, señaló el director Theo Tupayachi.
El Cusco, a diferencia de Arequipa, Trujillo o Lima, no tenía una orquesta como en aquellas ciudades: "Hubo una orquesta en los años cuarenta más o menos pero desapareció por escaso presupuesto quedando toda esta música archivada. Se han perdido incluso mucha piezas. Sin embargo, con la iniciativa de muchos jóvenes, luego de haber estudiado fuera, hemos regresado decididos a activar esta orquesta", enfatiza Tupayachi.
Cuando se dejan oír los compases de "Saqra" y los primeros diablos irrumpen a un lado del escenario, el público no puede hacer más que estallar en ovaciones. Emociones contenidas se dejan escuchar en la penumbra cuando la melodiosa voz de la soprano, Pamela Tarqui Díaz, recorre como un espectro sonoro todo el teatro al interpretar Inti Raymi. Son días de emoción, sin duda, aquella que causa la recuperación de lo perdido.