Alcoholismo en el Perú: Las tristes historias detrás de las botellas de 'racumín' (FOTOS Y VIDEO)

“Racumín”, potente bebida elaborada con alcohol metílico, destruye la vida de quienes la consumen. En La Parada, tirados en la calle, hombres y mujeres se reúnen a beber el licor adulterado para olvidar sus penas

20 de Septiembre del 2018 - 09:55 » Textos: Redacción Multimedia » Fotos: Piero Vargas

“La vida ya no vale para mí”, son las duras palabras de Anthony, un hombre de 33 años, quien está sentado en una vereda de la av. Aviación, en La Victoria, en total estado de ebriedad.

La sustancia que nubla su conciencia y provoca que sea capaz de soportar el frío y la suciedad de las calles, donde habita desde hace diez años, es el alcohol metílico (metanol), también conocido popularmente con el nombre de “Racumín”.

Y es que el metanol, vendido en botellas reusadas de otros licores, a vista de todos los vecinos de La Victoria, es tan aniquilador para la salud de un humano como el potente veneno con el que se mata roedores.

Con dos soles de esto, ya estoy borracho. Te tumba y no sabes lo que estás haciendo”, asevera Anthony, quien al igual que otros hombres de todas las edades, e incluso mujeres, pasa sus días encadenados al vicio del alcohol.

DIRECTO A LA MUERTE

Desde hace décadas, la calle San Pablo, al pie del cerro San Cosme, es conocida por albergar bares y restaurantes donde se vende “Racumín” las 24 horas del día. Los alcohólicos, ya sea en la mañana, tarde o noche, durmiendo o bebiendo, siempre están allí. Dichos locales también son llamados “cámaras de gas” por sus propios usuarios, apelativo que hace alusión a los lugares de aniquilamiento nazi donde asesinaban judíos.

Para que el sabor del “Racumín” sea un poco más agradable, mezclan el alcohol metílico con emoliente o anís.

El costo de la botella varía según su tamaño y va desde 1.50 hasta 3.00 soles.

“Cada uno da 20 o 50 céntimos, y compramos una botella. Cuando ya no tenemos dinero, vendemos lo que reciclamos o trabajamos como estibadores”, comenta Manuel, ahora ya con 57 años, mientras reposa en un sillón abandonado en plena vía pública. Aunque ha visto morir a varios amigos, de los cuales ya no recuerda sus nombres, no puede dejar de tomar el veneno que lo hace olvidar la ausencia de los que más quiere. “Yo tenía mi familia y mi trabajo; pero todo se fue al diablo”, dice Manuel.

PRIMEROS EN LA REGIÓN

Casos como los de Anthony y de Manuel son parte de la realidad que se vive al pie del cerro San Cosme, y que corrobora una dura realidad: Perú es el país con el mayor consumo de alcohol ilegal en la región sudamericana, según un estudio del 2017 de Euromonitor International.

El informe revela que el alcohol adulterado es la categoría más representativa del mercado ilegal peruano. A esta modalidad le sigue el alcohol artesanal ilegal, los licores de contrabando, las bebidas de producción nacional formal pero que son comercializadas sin pagar IGV, y el alcohol no apto para consumo humano.

En el caso de las bebidas adulteradas, cabe indicar que también contendrían la peligrosa sustancia. “Algunos comerciantes se aprovechan de que el alcohol metílico es incoloro, inodoro y de poco sabor; por lo que lo usan para adulterar las bebidas alcohólicas de consumo masivo y las que ofertan a bajo costo”, alerta el médico Jorge Rubio.

Pese a que está penado, la venta de alcohol metílico se realiza en locales de La Victoria, Cercado de Lima, entre otros puntos de la capital. Nos preguntamos y ¿dónde están las autoridades?

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