En 15 años el Perú tendrá problemas con el abastecimiento de agua, informó el estudio Gardner-Outlaw.

Nuestro país está entre las 25 naciones que en el mundo sufrirán de este déficit.

Es decir, podemos estar en un nivel de tensión hídrica que podría llegar a una cantidad entre 1,000 y 1,700 m3 por habitante por año de reserva de agua dulce, aseveró ayer el arquitecto Juan Carlos Calizaya Luna, coordinador del programa Saneamiento Ecológico (ECOSAN).

El reconocido estudio Gardner- Outlaw señala que al año 2025 se prevé que 48 países de distintas regiones del mundo enfrentarán un déficit de agua. Entre los más afectados están Etiopía, India, Kenia y Nigeria.

Lo más preocupante es que en ese grupo de países está el Perú, evidencia que obliga a tomar urgentes medidas para afrontar este riesgo, que afectará principalmente a la población de la costa, manifestó.

El experto alertó que el cambio climático y la destrucción de los espacios naturales acelerarán esta crisis a tal extremo que no se podría disponer de un promedio de agua potable para el consumo humano de 150 litros por persona diaria. "Algunos especialistas señalan que solamente se dispondría de 40 litros/ pers. al día, con lo cual los sistemas de evacuación de excretas con arrastre hidráulico, como los que existen en el Perú, no funcionarían", añadió.

Ante este panorama desolador, resulta importante conocer qué proponen las autoridades para que el Perú no se quede sin agua.

Por ello, es necesario que nuestros gobernantes de todo nivel reconozcan que vivimos en una zona desértica y resulta urgente iniciar acciones de largo plazo y prácticas sostenidas de adaptación, lo que implica promover políticas de educación ambiental para reducir las prácticas consumistas de agua potable, expresó Calizaya Luna.

Un grave indicador de la falta de políticas preventivas es la situación del río Rímac, que es lamentable y extremadamente crítica.

La fauna y flora es inexistente, mientras que la poca agua es captada por la planta de tratamiento de La Atarjea y usada íntegramente en el consumo limeño.

El agua que llega al mar es la acumulación de los vertederos de desagüe, lo que produce metano en su recorrido y más contaminación.