"¿Qué hora es?", me preguntó, y al responderle 12:15 p.m., con una alegre, pero preocupante mirada, dijo: "¡Es hora de almorzar!".

Este no ha sido el inicio para nuestra conversación, pero sí, el mayor recuerdo que llevo desde que la conocí. De muy baja estatura, piel oscura y con profundas arrugas, así es ella, cuyo nombre desconozco. Y es que a los 83 años, es difícil recordar algunas cosas, a veces incluso los nombres, pero hoy será para mi, María, como la virgen.

María me contó que se levanta muy temprano para ir a trabajar, como dice la canción, pero ella ya no es una muchacha provinciana, y tampoco tiene hermanos, sino una abuelita que pese a su edad cada madrugada tiene que ir hasta el mercado mayorista a comprar las 'canchitas' de fideos que vende en bolsitas a 50 céntimos.

Me dijo además, que estaba sola, que tuvo un hijo a quien no ve hace mucho tiempo, se fue a trabajar y no regresó. Quedándose sola, tiene que 'chambear' para vivir, aunque a veces ya no quisiera.

AMOR. Dejando a 'María' disfrutar un buen almuerzo. Llegué a conocer a Humberto (62) y Teófila (60), una pareja de esposos que viene desde Azapampa para vender frutas. Mientras cortaba un zapote para mi, Humberto me contó que no tienen hijos, porque ella es estéril, pero así la ama. Hace unos meses a ella le detectaron un tumor en la columna, y no puede caminar, "no quisiera que muera, pero ya estamos viejos, sería mejor, pero juntos".

Los dos trabajamos para vivir día a día, la economía es difícil, el negocio ya no es como antes, y las fuerzas tampoco, seguiremos hasta cuando Dios quiera", con pena dijo.

60 es la edad promedio para considerar anciana a una persona según las leyes en nuestro país, existen también leyes, proyectos, ONG'S y más que velan por su bienestar, pero parece que no es suficiente.