Los habitantes de Molinos, un distrito ubicado a 20 minutos de Jauja, estaban acostumbrados a despertar con el canto de los pajarillos y el bramido de sus vacas; sin embargo, la madrugada del 28 de abril de 1989 algo distinto retumbó en sus oídos que a todos los puso de pie. Fue viernes.
Se trataba de una intensa balacera y explosiones, y no era de las prácticas que de tiempo en tiempo realizaban los soldados del cuartel de Jauja, llamado entonces “Fuerte Cáceres”, pues esta vez era interminable y se oía a gente gritando y lanzándose lisuras por doquier.
Eran tiempos en que el terrorismo hacía de las suyas en nuestro país y precisamente por ello, una columna de miembros del Movimiento Revolucionario Túpac Amaru (MRTA) había planificado tomar la ciudad de Tarma y para ello la noche anterior secuestraron dos camiones cerca a Curimarca, uno de ellos el Ford de placa WP-4367.
PREVIA. Aquella noche durmieron en la casa de un poblador en el sector San Rafael, y luego de la medianoche partieron rumbo a Jauja desde donde se dirigirían luego hacia Tarma a cumplir su objetivo, aunque inicialmente el plan era tomar Concepción.
Lo hacían en dos camiones, uno distante del otro de al menos cincuenta metros; no obstante, a 16 minutos de Jauja a la altura del cerro Puyhuán el chofer del primer camión observó que una patrulla del Ejército se dirigía en sentido contrario por ambos lados de la carretera.
TENSOS MOMENTOS. Abel Aquino, conductor del segundo camión, contó que vio que un oficial detuvo a la primera unidad y preguntó qué llevaban. El chofer contestó que era un cargamento de papa para la feria en Huertas, lo dejó pasar y siguieron avanzando, pero pocos metros más adelante el número de soldados era mucho mayor y el oficial al mando de este segundo pelotón, teniente EP Jhonny Morales Rodríguez, detuvo nuevamente al primer vehículo.
Abel Aquino se bajó presuroso de su cabina y subió a la tolva del vehículo y advirtió a los que allí estaban que se trataba de soldados. Apenas regresó al timón vio que Morales Rodríguez obligó al chofer a abrir la puerta trasera para comprobar la supuesta carga de papa. Apenas ésta fue abierta, cayó abatido junto a cuatro soldados.
SE DESATA INFIERNO. Allí comenzó una pesadilla para los moradores de Molinos, que para muchos de ellos no acaba hasta hoy, pues se desató un terrible enfrentamiento que se extendió hasta las 6:00 de la mañana después de dos horas de intenso combate.
Uno de los contados sobrevivientes que iba en el segundo camión narró ante la Comisión de la Verdad y Reconciliación (CVR) que cuando comenzó el tiroteo salieron presurosos. La mayoría lo hizo por ambos flancos del camión, pues los que intentaban hacerlo por la compuerta principal caían fulminados y es que los militares, que eran alrededor de 90, se habían dispersados por todas partes y ocultos desde la maleza de la zona apuntaban sus disparos hacia los dos vehículos.
Con el alba se pudo ver la real dimensión de lo que había pasado, 68 muertos, de los cuales 58 eran emerretistas y cinco civiles y cinco militares, veintiséis soldados heridos y curiosamente ningún terrorista, todos sin vida.
PESADILLA. Hoy la zona luce casi igual, de no ser por algunas casas de reciente construcción y los trabajos de asfaltado de la carretera hacia Molinos, pero una cruz, llamada “Cruz de la paz” levantada en 2012, recuerda la cruenta batalla que se libró al pie del imponente Puyhuán.
Fernando Camarena Pérez, ex gobernador en la zona, vive hasta hoy en la misma casa donde a sus 16 años junto a sus padres fue despertado por los balazos y cuenta que intentó salir pero fue conminado para guarecerse en lo más fondo de su vivienda hasta que todo pase, pero eso fue posible recién después de varios días.
Y es que al promediar las 7:00 de la mañana arribaron a la zona muchos más soldados a bordo de helicópteros que realizaron rastrillaje por todas las casas en busca de emerretistas heridos que a su parecer habían ingresado para refugiarse.
Así detuvieron a Raúl Salas de 48 años y a su hijo Wilson Salas de 22, cuyos parientes cada 28 de abril realizan una vigilia en la zona a la altura de la carretera antigua donde por última vez fueron vistos cuando eran subidos a viva fuerza en un helicóptero militar. Asimismo, Nicolás Chocas Cavero, Freddy Flores Salas, Teódulo Fermín Yaringaño, Jaime Jesús Montalvo y José Camarena Peña, de quienes nunca más se supo de ellos.
En el 2012 el gobierno construyó la “Cruz de la paz”. Parientes de los desaparecidos hacen vigilias allí para recordarlos. Según el Exgobernador de molinos Fernando Camarena después de años algunos se suicidaron como consecuencia del trauma por el enfrentamiento

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