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El Ministerio de Cultura, en coordinación con las autoridades de los distritos de Samán (Azángaro) y Taraco (Huancané), inició la construcción de dos putucos, viviendas tradicionales del altiplano puneño que tienen la particularidad de mantener el calor y proteger del frío, que en el lugar puede llegar a descender a hasta niveles muy bajos.

Por ello, un grupo de especialistas de la Dirección de Patrimonio Inmaterial y la Dirección de Cultura de Puno viajó hasta la zona para realizar el registro audiovisual del proceso de construcción, así como para retratar su uso e importancia en la vida del hombre andino.

Para los pobladores de la meseta del Collao la construcción de los putucos es una de sus tradiciones más representativas. Cada época de sequía, en los distritos de Taraco, Samán y Arapa, ubicados entre los 3,800 y 4,000 metros sobre el nivel del mar, cerca del lago Titicaca, es el tiempo elegido para erigir los putucos, viviendas a base de bloques de barro y pasto que son denominados champa o ch’ampa, con raíces entrecruzadas de ichu y otros pastos silvestres como chiji o quemello, que se extraen en la etapa más húmeda.

La construcción de un putuco, en todas sus etapas, suele durar entre dos y cuatro días y, frecuentemente, es labor de los hombres, quienes aprendieron este conocimiento de sus padres y abuelos.

La meseta del Collao suele ser afectada por inundaciones durante la época de lluvias, en el periodo que va desde noviembre hasta marzo. Entre mayo y setiembre, la zona sufre de sequía y heladas que afectan a los pobladores y a su ganado. Es en estas condiciones que hombres y mujeres desarrollaron esta forma arquitectónica que expresa su creatividad y conocimiento y que han sabido mantener vigente como parte de su identidad cultural.

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