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El sincretismo entre lo andino y occidental se vuelve a mostrar hoy en la ciudad de Juliaca. Desde la madrugada y hasta horas de la tarde se celebra la denominada Qashwa de San Sebastián, también conocida en estas tierras como el Carnaval Chico.

Ciertamente, es el inicio de las fiestas canestolendas, una pincelada de lo que vendrá durante las siguientes semanas en toda la zona andina, cuando la gente, en el campo y la ciudad, le rinde culto a la Madre Tierra o Pachamama por los frutos que nos otorga.

La qashwa es una danza prehispánica, sobreviviente más bien a aquellas imposiciones coloniales que la terminaron por transformar a lo que hoy conocemos como danza. En la Ciudad Calcetera donde se celebra este carnaval, los protagonistas son los colectivos sociales más emblemáticos: Los Machuaychas y los Chiñipilcos.

Aunque los grupos han sido antagónicos en determinado momento de la historia local, los Machuaychas y Chiñipilcos desarrollan hoy en día rituales paralelos durante el 20 de enero. Sus integrantes vestidos para la ocasión ascienden hasta el cerrro Huaynarroque y Santa Cruz, respectivamente, allí llaman al pueblo a celebrar.

En el programa de actividades de cada uno se contempla el subir a los apus desde la madrugada, por ejemplo los Chiñipilcos iniciaron sus ritos a las 4:00 horas, a esa hora se hizo la salva de 21 camaretazos, cohetones y arranques. Los Machuaychas, igualmente, hacen despertar a la ciudad con esos estruendos.

Media hora después se cumple con el embanderamiento de la localidad, los lugareños más tradicionales son quienes cumplen religiosamente este proceso de adoración y festejo a la Pachamama.

“Cada conjunto se reúne en el pueblo con las autoridades de la fiesta, el capitán y la capitana, y con los directivos, recorriendo conjuntamente las principales calles del pueblo, invitando a los vecinos a participar en la subida al cerro para hacer el challachi o pago a la Pachamama”, señala un texto informativo del Ministerio de Cultura.

Los danzantes de la qashwa se concentran luego en la ciudad para dirigirse bailando hasta el municipio provincial. Este año el saludo lo recibirá el alcalde Oawaldo Marín Quiro, según programaron los conjuntos y confirmaron sus directivos.

Llegado el mediodía se hace el ritual de ofrenda a la Madre Tierra, los chiñipilcos lo harán en el cerro Santa Cruz, allí se pide a la naturaleza que nos siga dando sus frutos con los que nos alimentamos y protegemos a los nuestros.

La ocasión es de alegría, a pesar de que el 20 de enero se adora también a San Sebastián, aquí en el altiplano lo que se siente más es esa fe a la Pachamama. Es básicamente un agradecimiento por seguir viviendo, así empiezan los carnavales del 2015.

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