Señor de Ecce Homo
Señor de Ecce Homo

"Ecce Homo" fueron las palabras latinas pronunciadas por el gobernador romano Poncio Pilatos cuando presentó a Jesús de Nazaret flagelado, atado y con la corona de espinas ante una muchedumbre hostil que clamaba por la crucifixión. Una traducción aproximada para esta frase sería: "Este es el hombre o he aquí el hombre".
El Santuario del Señor de Ecce Homo, ubicado en el distrito de San Sebastián, es bastante concurrido por los feligreses champas y representa a un Cristo flagelado que está pintado sobre una gigantesca piedra negra. Mejor dicho, hay dos señores de Ecce Homo. "Dicen que antes la zona donde está ubicada la capilla era un basural y que el Señor apareció en la piedra, luego de eso la convirtieron en santuario", cuenta Mateo Callani, un creyente. El otro Señor, el que está fuera de la piedra, es el que sale por las calles a bendecir a los sebastianos. "Es bastante milagroso, los martes y viernes la capilla está llena de gente que viene a pedir, es el hermano del Señor de Huanca", repone Miguel Villavicencio. Ambas imágenes representan el sufrimiento.
El hombre ha salido. Las andas son pequeñas y un puñado de cofrades alzan al Señor de Ecce Homo. Escapularios gigantescos cuelgan del pecho de los mayordomos con su imagen flagelada. Velas amarillas se encienden al paso de la imagen y llameritos danzantes anteceden el paso. Luego de unas cuantas cuadras el Señor se detiene y es ingresado a una reja de cañas. "Es para que descanse", dice un devoto. O para que no se escape mientras que los mayordomos atienden a los demás invitados.
Los festejos son bastante fastuosos antecedidos por novenarios y destaca la quema de fuegos artificiales producidos por artesanos cusqueños. Juan Pablo Paredes, coordinador general de planes de gestión cultural y planes maestros del INC-Cusco, señala: "Tanto el templo principal y las capillas San Lázaro y Señor de Ecce Homo son monumentos arquitectónicos coloniales".