Socosbamba, el pueblo rajado
Socosbamba, el pueblo rajado

Se iniciaba el siglo XIX y sobre una llanura verde se asentó el pueblo de Socosbamba, situado a 2800 metros de altura en la sierra de Áncash, de clima templado a cálido y con un suelo generoso para cultivar maíz, trigo, cebada y frutales.

Sus primeros ocupantes fueron unos hacendados de apellidos Vía, Olivares y Solís. En ese tiempo, solo la poblaban unos pocos y se hicieron dueños de terrenos de más de una hectárea por clan familiar, donde cada casa era distante una de la otra.

Hoy este pintoresco caserío, ubicado en la provincia de Mariscal Luzuriaga, es habitado por más de 150 familias y su nombre ha dado la vuelta al mundo desde que se difundiera la noticia de que la tierra se abrió -y se sigue abriendo- como si quisiera tragarse todo cuanto allí existe: familias, casas, colegio, cancha de fulbito, posta médica. Todo.

LA PRIMERA ALERTA. Guillermo Salinas, nombrado presidente del Comité de Riesgo de Socosbamba, cuenta a Correo que un día de abril, antes de que se inicien las clases escolares, una de las aulas de secundaria de la I.E. Carlos Argote Gómez apareció rajada. Luego la grieta se extendió a otros salones hasta que fue declarada inhabitable por el Instituto de Defensa Civil.

“Nunca nos imaginamos que este hecho sería como el anuncio de nuestra desgracia”, confiesa Guillermo.

El 4 de mayo, grietas de más de 30 metros de largo y 6 metros de profundidad asustaron a todo el pueblo, especialmente a los niños, quienes nunca vieron nada igual.

Pero lo que no sabían ellos es que estos hechos ya se han registrado en distintas épocas, tal como quedó documentado por el Instituto Geológico Minero y Metalúrgico (Ingemmet).

La primera falla geológica se manifestó el 10 de mayo de 1910. En ese tiempo, las grietas verticales no pasaban de un metro y el desplazamiento horizontal apenas unos centímetros.

En un informe del ingeniero Jorge Galdós se lee que el suelo de Socosbamba “se torna riesgoso debido a un proceso de reptación, un tipo de corrimiento del suelo provocado por la inestabilidad de un talud de suelos”, y recomienda la reubicación de estas familias. Nadie hizo caso.

Guillermo recuerda que cuando era niño, un anciano del pueblo (Andrés Vía) fue testigo de este fenómeno. “Él, en 1910, tenía 21 años y vio cuando la tierra se abrió por primera vez. Años después, en 1974, cuando este señor tenía 85 años, volvió a ser testigo de un hecho similar. Con razón decía ‘calmados, esto volverá a pasar’, él ya sabía”, cuenta.

Efectivamente, en 1974 la tierra se volvió a manifestar, pero esta vez con más fuerza.

“La tierra se abrió tan profundamente que los animales caían y no salían, se les escuchaba gemir hasta que se perdían. A un cabrito mío le pasó eso, cayó y yo era niño, tenía 5 años, me puse a llorar”, contó este socosbambino de nacimiento.

En esa época, un informe más detallado del Ingemmet señalaba que las filtraciones de agua procedentes de la zona de Hullaycanjirca eran más perjudiciales. Los numerosos aguajales y las pequeñas lagunas, así como las fuertes lluvias, amenazaban a este caserío. La alerta que dieron fue más decisiva: “se recomienda el traslado del pueblo al sector de Animas Pampa”. Tampoco hicieron caso.

Lionel Fidel, director de Geología Ambiental y Riesgo Geológico del Ingemmet, dijo que este fenómeno es lento y continuará, y por eso es necesario la reubicación del pueblo.

Por lo pronto, las familias de Socosbamba duermen en carpas, de día preparan ollas comunes y se han encomendado a su patrona, la Virgen de los Dolores, para pedir “un milagro para solucionar este problema”.

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