PIURA. Una red de traficantes de fósiles (paleotráfico) mueven en el mundo un negocio de millones de euros cuyos tentáculos bien podrían extenderse hasta nuestra región. La periodista estadounidense, Gail Harrington, le sigue la ruta a esta organización en Piura, en cuyo litoral andan a la caza de los preciados restos del carcharodón (tiburón blanco, ya extinguido), ammonite (molusco cretácico) y Mammuthus.
Según la investigación de Harrington, en el Perú esta red opera desde el desierto de los Ocucaje, al sur del país, hasta los ricos yacimientos de fósiles de Bagua, en Amazonas. Aunque se trata de zonas privilegiadas en este tipo de hallazgos, los restos prehistóricos abundan a lo largo de la costa peruana.
Ahora se corre el riesgo de que se afinque en Piura, pues el diente de tiburón se vende como "pan caliente" en el mundo de los coleccionistas, según advirtió el director del Instituto de Paleontología de la Universidad Nacional de Piura, Jean Noel Martínez.
Noel Martínez, se recuerda, colabora con Gail Harrington en la investigación a algunos de los activistas ya identificados de esta actividad ilegal. Uno de ellos, según trascendió, sería Klauss Hönninger, un conocido activista paleoforense.
Piura resulta ser una plaza nueva para los traficantes, según esa investigación. El negocio se mueve más en Ica, donde aflora una formación que entre los geólogos se conoce como "Formación Pisco". Allí abundan los fósiles de ballena, aves marinas y el carcharodón.
Esta red comercializa, además, esqueletos de ballena, huesos de mastodonte, y grandes mamíferos de la megafauna en la región andina (Cuzco, Puno, etc.) los cuales alimentan un negocio de millones de dólares.
El paleotráfico no ha sido muy conocido hasta ahora. Ha comenzado a salir a luz por los esfuerzos del Instituto Geológico Minero Metalúrgico (INGEMMET) que, en convenio con el Instituto Nacional de Cultura, se ocupa del tema. En Piura todavía no se ha visto mucho de esto, pero siendo un territorio muy rico en patrimonio paleontológico podría saltar en cualquier momento.
Un negocio de millones. Para tener una idea de lo que se mueve tras el paleotráfico, en 2007 se realizó en Paris una impresionante subasta internacional de fósiles con la venta de esqueletos de rinoceronte y de oso de las cavernas, por 100 mil y 39 mil euros respectivamente. Un esqueleto de mamut se cotizó en 260 mil euros.
Al año siguiente, la misma casa de subastas puso en venta un esqueleto completo de Triceratops (dinosaurio herbívoro de finales del período cretácico), de 8 metros de largo, por cerca de 600 mil euros.
Un coleccionista europeo adquirió un cráneo de tigre "dientes de sable" por más de 86 mil euros y un estadounidense se llevó un huevo fosilizado de Aepyornis maximus (ave gigante extinguida de Madagascar) por la friolera de 84 mil euros.
Otro comprador anónimo adquirió un cráneo de mamut por 77 mil euros, mientras que un fósil de tortuga del Líbano -del Cretácico superior (más de 65 millones de años de antigüedad)- fue adjudicado por un poco más de 60 mil euros.
En abril 2009, también en Paris, el esqueleto de un ictiosaurio (reptil marino) del período jurásico fue vendido por más de 180 mil euros. En Francia, como en otros países de Europa, el negocio de fósiles existe desde hace mucho tiempo, pero este tipo de subasta pública no se había visto nunca en Paris antes del 2007.
En Estados Unidos, en cambio, ya era una práctica común. Recientemente (Marzo 2009), una casa de subastas en Nueva York lamentaba que un esqueleto de Dyrosaurus (dinosaurio herbívoro del período jurásico) no haya encontrado comprador, pero se felicitaba por su venta de un esqueleto de mamut por 55 mil dólares y del de un mosasaurio (reptil marino del período cretácico) por 67 mil dólares.
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Tráfico de fósiles
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