CUSCO. El Monasterio de Santa Catalina de Sena fue fundado en el Cusco en el año 1605, fecha en la que llegaron las primeras 25 monjas profesas, las mismas que se emplazaron de inmediato en el lugar del antiguo "Aqllawasi", en el cual, en la época del incanato, se enclaustraban a las llamadas "doncellas escogidas", jóvenes que eran elegidas por su belleza y devoción al inca, por lo que permanecían vírgenes hasta el día de su muerte; esta historia se puede revivir en cualquiera de los recintos ubicados a lo largo del monasterio, situado al sudoeste de la calle Loreto, exactamente en la calle Santa Catalina, en el centro.
Mientras se realiza la visita y el recorrido sugerido por este museo, se puede apreciar invalorables muestras pictóricas de renombrados artistas de la Escuela Cusqueña, como Diego Quispe Tito y Diego Rivera, además de exquisitas muestras de mueblería del siglo XVII, todo esto acompañado de manera más que armoniosa por una suerte de música ambiental, grabada directamente de las sesiones de cantos litúrgicos de las actuales monjas del convento, a quienes raras veces se las puede apreciar directamente, todo lo contrario a sus pares de cera, instaladas cuidadosamente en casi todos los recintos del claustro, como la sala capitular, la sala de labores o las celdas-dormitorio.
Ampliarán Museo. Cabe señalar que actualmente este museo viene siendo administrado directamente por la Orden Dominica del Perú, que tomó control de las instalaciones a partir del año 2008, cuando venció la licencia otorgada al INC.
Los dominicos, al parecer, tienen grandes planes para el convento-museo, el cual planean ampliar e implementar con las innumerables muestras de arte que aún conservan en grandes depósitos, a la espera de ser restaurados y mostrados al mundo, como señala Cristhian Acharte, administrador del citado lugar.
La Doctora de la Iglesia. Asimismo, Catalina Benincasa, más conocida como Santa Catalina, nació por el año de 1347 en Sena, Italia, tomando el hábito de los Terciarios Dominicos a la edad de dieciséis años, convirtiéndose en una devota de la ayuda a los enfermos en tiempos de peste, así como una apegada a los escritos, muchos de los cuales los habría dictado, debido al analfabetismo que la acompañó casi toda su vida.
Esta singular religiosa murió a los treinta y tres años y fue canonizada por el Papa Pío II, siendo reconocida en 1970 como una de las tres primeras doctoras de la Iglesia.
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Un paseo por el Monasterio de Santa Catalina
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