Cusco, el ombligo del mundo, fue tierra de grandes hombres como los incas, que dejaron un pasado incomparable. Transcurridos los tiempos, en la actualidad otros hombres han demostrado, gracias a su constante empeño y sacrificio, éxitos en todo nivel; uno de ellos es Alejandro Juvenal Farfán Díaz, declarado mejor empresario del año 2012 el mes pasado por la Cámara de Comercio de Cusco, y que actualmente se desempeña como presidente del Club Cienciano.
ORÍGENES. Juvenal, así es conocido, nació en el distrito de Poroy, provincia del Cusco. Fueron sus padres Zenón Farfán Cáceres y Estela Díaz Tojas. Realizó sus estudios primarios allí, en el distrito que tenía apenas mil habitantes. Ahora que Juvenal Farfán vive en la Ciudad Imperial, "se quedaron 999 habitantes", comenta risueño. Estudió la secundaria en el Glorioso Colegio Nacional de Ciencias y después en la Escuela Superior Profesional Túpac Amaru, en la especialidad de Economía y Administración. Logró ser bachiller técnico en Contabilidad, para de inmediato ingresar a la Universidad cusqueña (Unsaac) para estudiar arquitectura, que para él fue un hecho inolvidable; sin embargo, no concluyó la carrera porque prefirió dedicarse al trabajo como administrador de un restaurante turístico, con apenas 19 años de edad, aduciendo que tenía, incluso, 24 para conseguir el trabajo.
DE VOCACIÓN. Sus pinitos de administrador los haría en un restaurante conocido como Trattoria Adriano, en pleno centro del Cusco histórico, donde laboró 5 años y dos meses. Son años que lo marcaron de por vida, siendo el cimiento para aventurarse a la vida empresarial. Allí, uno de sus amigos le comentó que estaban alquilando una pollería en la avenida Pardo, un 14 de setiembre de hace 28 años. Es cuando se le abrieron los ojos a una nueva vida, que se cristalizaría en la inauguración de su primer negocio, "muy rentable por cierto", lo que le permitió a posteriori abrir muchos otros.
Y es que su madre, doña Estela, siempre había dicho que Juvenal había nacido con buena estrella. "No voy a decir que en los primeros momentos mis empresas fueron rentables. Hace diez años no tenía ni una camiseta, no era dueño de nada; pero el 2004 terminé de pagar mis deudas; luego, recién se vio el crecimiento sostenido y galopante", comentó, al tiempo de recordar que los 9 hermanos de la familia Farfán-Díaz se criaron en un hogar de sólidas bases, incluido las disciplinarias. Aún recuerda que su madre les decía: "Quien se levanta temprano, va a tener todo; quien come bien, trabaja bien".
Cuando llegaron los éxitos, un buen día tuvo la oportunidad de poseer hasta 17 comercios, 8 pollerías, el restaurante turístico Incas Peña, el Hostal del Inca, 3 churrasquerías: Tauros 1 y 2. Juvenal fue también uno de los pioneros en la distribución de la cerveza Cristal y fundó JF Distribuciones y La Vaca Lechera. Luego se aventuró, con mucho éxito, a la comercialización de pollos de San Fernando, empresa a la que representa hace 23 años como distribuidor y socio; también es suyo el famoso restaurante Quinta Sol y Luna.
EL VIRAJE. Posteriormente, en una de las recurrentes crisis económicas, fue obligado al viraje, a cambiar de rubro. Los restaurantes ya no eran rentables por el problema del terrorismo y el descenso del turismo. Corrían los años malditos de fines de los ochenta y comienzos de los noventa. Esa dura experiencia lo llevó al rubro de los supermercados, inaugurando La Canasta I en Santa Mónica, en sociedad con su hermano menor, y hace dos años se hizo realidad La Canasta II.
El año pasado asumió el riesgo de abrir el supermercado Orión, precisamente frente al tradicional mercado de San Pedro, donde muchos no le desearon suerte y pensaron que iba a ser un fracaso; sin embargo, la nueva experiencia -sobre todo en pan llevar- fue viento en popa con equipo moderno, ecológico, exhibidoras, computadoras de última generación, todo destinado a brindar a los cusqueños productos de calidad a bajos precios. Ahora amenaza con llevar esta marca a Lima.
"A mí me encanta el negocio. Si volviera a nacer, estoy seguro que reiteraría a meterme en el comercio. Me gusta la vida empresarial, lo hago con emoción y pasión; no tuve ninguna herencia, hemos nacido con un capital de mil soles, crecimos y ahora tenemos un poco más; tampoco poseo una fortuna, pero tengo el orgullo de tener 300 trabajadores. Soy parte del núcleo motor del desarrollo del Cusco", dice muy orgulloso.
EL CIENCIANO. Con esa biografía de éxito, Juvenal observó que algo le faltaba: la promoción del deporte. Es así que el año pasado incursionó oficialmente en el fútbol, no sin antes tener una idea clara de la importancia de que el año 2010 el gobierno dio facilidades para que los equipos se adecuen a la forma de sociedades anónimas.
Fue entonces convocado por un grupo de empresarios y aceptó el nuevo reto, para luego ser abandonado por sus propios directivos. Vaya ingratitud. "Me dediqué solo al soporte económico del Cienciano, me siento bien siendo parte del deporte cusqueño. Si alguien me pregunta qué hice por el Cusco, por el Perú, creo que respondería afirmando que soy parte del Cienciano, porque de lo contrario (el club) hubiera bajado aún el año pasado. Gracias a Dios tenemos negocios rentables, con ello garanticé y tuve que hipotecar mis terrenos, casas, mi vivienda, para que el Cienciano pueda seguir jugando en el fútbol profesional", manifestó.Juvenal ha sido corredor de autos aún en los años 88, 89 y 90. Asumió responsabilidades directivas en el Cienciano cuando participó en la etapa regional con equipos como Tintaya, Melgar y Huracán de Arequipa, junto con Juvenal Silva, Américo Parihuana; Rubén Huaray y Gustavo Infantas. Tuvo en Poroy su propio equipo: Roland. Tal vez esta fue una de las pocas veces que no le fue bien, por lo que tuvo que comprar la categoría y denominar Independiente a su nueva oncena. Es cuando tuvo mejores posibilidades, llegando incluso a la segunda fase de la Copa Perú, allí invirtió muchos recursos, particularmente en los jugadores, además de darles trabajo.
También en una oportunidad le picó a nuestro personaje el bichito de la política, tras los pasos del pater familias, que fue tres veces alcalde de Poroy. Pero rápidamente se alejó, al constatar que era un terreno escabroso nada propicio para un empresario de éxito.
PLANES. Indudablemente Juvenal Farfán tiene un concepto liberal de la vida y la economía. Pero nunca olvida sus deberes para con los demás. Por eso que ahora su mejor deseo es incursionar en la educación para favorecer a la juventud, tener una academia o universidad donde pueda dejar sus enseñanzas, para que sigan sus pasos en este mundo que se ha vuelto muy competitivo a partir de la educación y la tecnología.
EMPRESARIO DEL AÑO. Teniendo en cuenta los antecedentes descritos es que la Cámara de Comercio de Cusco, en el marco de las celebraciones por su aniversario, en una cena de gala con participación de todos los socios, decidió semanas atrás reconocerlo como el mejor empresario del año 2012 a Alejandro Juvenal Farfán Díaz, hecho que fue aplaudido y felicitado. Indudablemente, ese era el mejor momento de una vida disciplinada y sacrificada, por ello dijo: "Me parece espectacular. Yo he esperado durante 28 años, a pesar que he sido varias veces candidato, sin embargo, lo recibo con orgullo y con alegría y satisfacción. No sé si es merecido o no, pero para mí este trofeo significa mucho. Si yo fuera deportista, este logro sería como ganar el Balón de Oro; si fuera un artista, sería un Óscar. Esta estatua la recibo con el ánimo de seguir trabajando y seguir participando en el desarrollo del Cusco", dijo este hombre símbolo del Cusco, que hace 12 años está enamorado de una buena dama, cuyo nombre aún no nos quiere revelar. Un hombre feliz al lado de sus 4 hijos: Sharmely, Joe Juvenal, Edwar Steven y José José, quienes son la razón de su existencia.

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