Cerro Pesqueda: la historia de un pueblo
Cerro Pesqueda: la historia de un pueblo

Tiempo atrás fue un típico barrio periférico, polvoriento y desordenado, al igual que El Porvenir, Río Seco, Florencia de Mora, La Esperanza; como el Carabayllo de Lima, o tantos otros emplazamientos marginales y deprimidos donde el polvo de nuestra desértica costa envuelve la faena diaria de sus habitantes y los juegos de los niños. Aun cuando oficialmente se le denomina Territorio Municipal de Pesqueda, popularmente se le conoce como "el Cerro Pesqueda", porque en realidad se trata de un elevado rincón de la geografía trujillana, despreciado por los urbanistas y ocupado como asentamiento humano por miles de inmigrantes que iban llegando a esta ciudad, quienes hoy le han cambiado la cara a base de piedra.
"Hace cuatro años formamos un comité para mejorar nuestras calles y así evitar que nuestros pequeños hijos siguieran comiendo tierra, porque eso les da fiebre", dice una madre de familia mientras golpea una piedra y los pequeños trocitos salpican su rostro bañado de sudor.  "Me acuerdo que antes el polvo de la parte baja ensuciaba toda nuestra ropa lavada", recuerda con nostalgia y orgullo doña Lucrecia Sare Aponte.
Pesqueda es un barrio de aquéllos  típicos asentamientos humanos poblados por inmigrantes andinos que un día bajaron del Ande a la ciudad en busca de un porvenir. Son las once la mañana  y he subido piedra sobre piedra. Las casas en Pesqueda están unas sobre otras, acá todo es a base de piedra. Hay escalinatas de piedra, la señora que vende tallarines  en la esquina usa bancos de piedra para sus clientes.
¿Cómo ha hecho la gente esta zona para sacarle la vuelta  a las enormes rocas sobre las cuales ahora viven bajo un inmenso sol que cae sea invierno o verano? Un día  cogieron sus barretas y punzones y fueron a derribar el cerro para tallar la piedra caliza. El resto sólo fue cuestión de organización y esfuerzo.
Muchos se preguntan cómo fue que los incas construyeron tan singulares y sorprendentes edificios; la misma interrogante ronda mi cabeza al ver el empedrado y las enormes escalinatas que surcan todas las calles de Pesqueda. Y no exageró: en Pesqueda las piedras tienen un precio.  

CERRO DE PIEDRA. En Pesqueda los rayos del sol enrojecen cualquier rostro. Es piedra pura: piedra abajo, piedra arriba, piedra allá, piedras por todos lados. El asentamiento es una enorme laja de piedra, donde se han improvisado miles de viviendas; unas rústicas, otras de material noble. Pero todas han sido levantadas sobre un cimiento a base de piedra.
Los accidentes orográficos no han sido obstáculo para que Pesqueda siga creciendo, como si se tratara de un gran mirador escalonado. De un inmueble se divisa el techo del anterior, y de éste, la azotea del siguiente. Las viviendas se van construyendo en forma escalonada, roca tras roca. Pues la caliza es frágil a la fractura, y sin embargo, muy resistente a la erosión. Su brillo vítreo, entre opaco y cristalino, le da a los empedrados una atmósfera de templo antiguo. Así es Pesqueda.

PESQUEDA EMPEDRADA. Desde la primera cuadra del Jirón la República, ubicada en el sector II, se divisa una enorme escalinata de aproximadamente 700 metros, que surca todo todos los jirones empedrados. Doña Victoria Leiva, una anciana de 67 años, de cabellera canosa, hace de guía improvisada, ya que la encontramos casualmente saliendo del mercado.
Nos dice que la escalinata por la cual ahora nos desplazamos  ha sido levantada para que la gente llegue más rápido a sus viviendas ubicadas en la punta del cerro. "Joven, estas piedras nos sirven de mucho, porque para llegar a nuestras casas ya no tenemos dar aquella vueltaza (apunta el lado derecho), aunque la escalera cansa; pero por acá llego más rápido", dice la anciana.
Luego, con la experiencia de sus años y el instinto maternal, nos advierte, "No vayas más arriba, porque te pueden quitar tus zapatillas. Arriba están que nos miran los gavilanes (se refiere a los delincuentes); no tengas miedo, por acá todavía es tranquilo". Cuando vuelvo a preguntarle si es que no le parece incómodo escalar cada peldaño, por lo altos que resultan para una persona de su edad, dice que "los han hecho a nuestra medida, sino a mi edad ya no bajaría al mercado". Las gotas de sudor caen lentamente por su arrugado rostro, mientras prosigue con sus comentarios y trata de convencernos de que las medidas perimétricas de cada escalón han sido diseñadas para que los niños, ancianos o cualquier persona, no tengan problemas al levantar el paso, peldaño a peldaño.
La vía principal de Pesqueda es la avenida 5 de abril, por  donde hacen su recorrido las combis que van rumbo a Laredo. Son 15 cuadras con una vereda completamente empedrada, la misma que surca los tres sectores que conforman Pesqueda. Cada sector está atravesado por varias escalinatas, algunas pequeñas otras enormes como la principal del Jirón Independencia del sector II, con una longitud de 500 a 700 metros aproximadamente.
Hoy  se puede decir que se trata de un barrio empedrado, único en el norte del país. Miles y miles de piedras han sido talladas a la perfección, con un fino acabado producto del trabajo de las mujeres que se encargan de pulir las miles de lápidas que luego serán asentadas y amalgamadas con gravilla en cada calle, en cada jirón, en cada esquina polvorienta, en cada pendiente de este admirable y fatigoso Cerro Pesqueda.

Mujeres en acción
Los 14 mil habitantes que se estima que albergan el Cerro Pesqueda, no estarían con la sonrisa en los labios  y tan orgullosos del empedrado de sus calles y de las enormes escalinatas sobre las cuales juegan los niños, sino fuera por el mágico y abnegado trabajo que realizan las madres de familia de este poblado. Día a día, con comba y una cuña de acero en mano, pica que pica, pulen caliza tras caliza. La piedra una vez perfeccionada se asienta sobre el piso, amalgamándola con gravilla y un poquito de cemento.

Organización Comunal
Hoy en día, gracias a la organización y el esfuerzo de los integrantes de los 28 comités pro-empedrado que se han conformado, la mayor parte de Pesqueda luce con un nuevo rostro. Se ha dejado de lado el cemento y  cualquier otro fino material que se utiliza en las grandes ciudades urbanas del mundo.
"El 95% del trabajo del labrado de piedra lo realizan las mujeres, debido a la organización comunal, ya que es una oportunidad de trabajo que beneficia a la población", dice el alcalde vecinal, Róger Gamboa Reyes.