Cuatro años después de dejar el Ministerio de Comercio Exterior y Turismo, Alfredo Ferrero publica un libro sobre sus seis años en el gobierno y el proceso que llevó al Perú a tener su primer TLC. La definición de políticas, la búsqueda de aliados, el rol de los formadores de opinión y más de una anécdota desconocida marcan la pauta de Historia de un desafío.
MARIO CAMOIRANO
Correo: ¿Te consideras un político en estado "larval"? Alfredo Ferrero: Como afirmo en el libro, todo abogado es un político en estado larval. Sin duda tengo una aspiración política, lo que no sé es cómo se materializará en el futuro.
C: ¿Dependerá de las posibilidades electorales de Toledo? AF: Tengo una buena relación con Toledo, como con otros políticos. Por ahora sólo analizo el escenario en espera de una buena posibilidad. La política es un tema de oportunidades, hay que saberlas esperar y aprovecharlas. Podría ser un ministerio como una plancha electoral.
C: ¿Cómo se forjó esa relación con Toledo, dado que a los dos meses de tu nombramiento como ministro trató de despacharte? AF: Fue un proceso. Cuando me nombró en reemplazo de Raúl Diez Canseco, no nos conocíamos a pesar de llevar ya dos años y medio como viceministro. Él pensó que era una ficha prescindible, pero no se esperó la reacción de la prensa ni del gremio empresarial...
C: Sobre todo Samuel Gleiser con su famosa frase "qué se vaya Toledo, pero que se quede Ferrero". ¿Eso le debió saber a chicharrón de sebo? AF: Probablemente, pero después de esa "crisis" me gané su respeto por mi trabajo y dedicación al tema del TLC y su afecto por mi carácter jovial y una forma de ser más "juvenil" respecto a otros ministros. Además, los resultados se comenzaron a dar. En esa época comenzamos a romper los récords de exportación todos los meses, al punto que la arriesgada promesa de duplicar las exportaciones fue superada con creces.
C: Ese respeto y apoyo a tu gestión no lo obtuviste de tus pares en la Cancillería. En especial me refiero a Manuel Rodríguez Cuadros, que no queda bien parado en el libro.
AF: Manuel es un hombre muy inteligente pero de izquierda y no creo que estuviera convencido del TLC. Por ello fue muy indiferente al proceso. La Cancillería nunca estuvo alineada al unísono con el TLC. Fueron personalidades concretas y los embajadores en Washington quienes apoyaron y fueron fundamentales en la etapa final o de cierre político.
C: ¿Por eso sostienes que Comercio Exterior nunca debería estar dentro de Relaciones Exteriores? AF: Porque ni le dan la importancia que requiere ni están preparados para negociar temas técnicos. No se pueden canjear votos en la ONU o en la OEA por aranceles a los espárragos.
C: Cuando se creó el Mincetur se planteó descentralizar el proceso exportador. ¿Por qué hasta ahora no se ha logrado? AF: Es un proceso largo, pero sí concluimos los planes regionales de exportación, logrando identificar a los potenciales ganadores. Un ejemplo es el banano orgánico, donde identificamos mercados potenciales y ahora hay muchas inversiones en ese producto. Lo que se quería era que las provincias se den cuenta que los TLC son una oportunidad para todos y no sólo para los limeños.
C: En marzo del 2005, cuando expusiste sobre el TLC en el Congreso, afirmaste que con su vigencia, para el 2016 modificaríamos la estructura de nuestras exportaciones, pasando las no tradicionales de 25% a 45%. ¿Mantienes esa proyección? AF: Era una aspiración antes que una proyección. En estos años, el alto precio de los minerales no ha permitido cambiar esa estructura a nivel de precios, pero sí ha comenzado el cambio a nivel de volúmenes. Esa mayor variedad ofertable (paltas, cítricos, alcachofas, etc.) se sustenta en los TLC y servirá de colchón el día que los precios de los metales caigan.
C: ¿Hay futuro exportador sin drawback? AF: Cuánto tiempo mantener este beneficio es algo que no puedo contestar hoy día, pero ciertamente nos conviene seguir incentivando la exportación porque todavía estamos lejos de haber tocado el cielo; más bien seguimos en el purgatorio y con vista al infierno. No por haber firmado unos TLC hemos cruzado el umbral del desarrollo.
C: A la Comunidad Andina le dedicas un capítulo especial en tu libro.
AF: Yo le digo: "la CAN del Hortelano" porque en sus casi 50 años de existencia no ha logrado resultados, porque están más interesados en proteger el mercado subregional que en abrirse al mundo. Es como un tren con dos locomotoras, una a cada extremo intentando avanzar en direcciones opuestas. Debe subsistir como un área de libre comercio y foro de discusión política entre sus miembros, pero jamás como unión aduanera. Ese proyecto caducó y es una pérdida de tiempo. Existe porque hay una burocracia dorada que vive de ella.
C: ¿Por qué aceptó EE.UU. negociar un TLC con un país tan pequeño? El argumento del combate al narcotráfico que planteas en el libro, me parece algo ingenuo.
AF: Esa es una frase bastante avezada. El TLC, como en su momento la renovación de las preferencias arancelarias, es una herramienta en la lucha contra el narcotráfico, nunca su solución. EE.UU. aceptó negociar porque fuimos muy tercos y porque en su momento fue una alternativa ante la caída de las negociaciones del ALCA por las posiciones de Brasil y Venezuela.
C: ¿Qué rol jugaron Magaly Medina y "Los Chistosos" en la negociación del TLC? AF: Más importante de la que muchos imaginarían. La labor de difusión de toda la negociación fue crucial. Hasta llegamos a contratar espacios radiales en quechua para explicar a los campesinos que esto no era el "cuco". Hablamos con la Iglesia, para que al menos se mantuviera neutral y no convirtiera al TLC en el demonio. Una maleteada de "Los chistosos" podía ser mucho más lapidaria que una marcha de ConveAgro. Tuvimos que convertir a algunos escépticos como Raúl Vargas de RPP. Era necesario "desideologizar" la negociación y romper el mito de que EE.UU. nos iba a comer con zapatos y todo, porque quien más se beneficia con estos acuerdos es el país chico que accede al mercado grande y no al revés.
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"EE.UU. aceptó el TLC porque fuimos muy tercos"
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