Las refrigeradoras sin electricidad
Las refrigeradoras sin electricidad

CORREO

En Llacta, 12 familias consumen frutas y verduras frescas que conservan en refrigeradoras hechas con barro y adobe, puertas de madera, que en ocasiones son de triplay, y no necesitan energía eléctrica para mantener el aire frío dentro de ellas. Basta un recipiente con agua fría. Así de artesanal, barata y útil, porque en el campo, lo que más escasea es el dinero.
Uno de estos artefactos está en una esquina de la cocina de Sonia Inga, una pobladora del lugar, que como sus vecinos, es agricultora. Su esposo también. "De la feria compro frutas y lo guardo aquí, y se mantiene bien. Mis niños llevan a la escuela". Sonia tiene tres hijos. En otra esquina de la habitación hay una cocina de leña, también construida con arcilla y adobes, revestida con cemento, pintada con ocre y rayas blancas. Se ve elegante, ordenado y el humo se va al espacio por una chimenea que atraviesa el techo de tejas.
En contraste con la refrigeradora, el fogón brinda calor. La habitación rústica está abrigada mantiene su olor a tierra y como la mayoría de construcciones rurales, toda la vivienda es de adobe.
Sonia está contenta. Y no es para menos, puesto que la noche anterior ha caído una de las primeras lluvias. Eso significa que ahora, con su esposo Moisés, podrá sembrar las chacras que no son de ella, pero que su dueño le permite cultivarlas. Allí producirá papa, haba y otros alimentos, cuyas semillas le fueron donadas por Cáritas Huancayo, como parte de un programa de Seguridad Alimentaria. Esto porque en Llacta los niños menores de 5 años viven con desnutrición y anemia.
?Antes no comía, no sabía comer rabanito -confiesa Sonia-. Nunca había comido caihua. Una alimentación no balanceada, producto del desconocimiento y de la poca disponibilidad de variedad de alimentos, colocaba a Sonia en una situación de inseguridad alimentaria, causa recurrente para la desnutrición.
"Acá tengo 100% de desnutrición", dice el ingeniero César Castro Tapia, el coordinador del programa de Seguridad Alimentaria. Debido a esa realidad, es que su institución también construyó fitotoldos, una habitación independiente de la vivienda construida expresamente para generar un microclima donde la familia pueda sembrar hortalizas de clima cálido: limón, caihua, ají páprika, col, lechuga, coliflor, zapallo italiano. Llacta es una comunidad del distrito de Quilcas, provincia de Huancayo, en el departamento de Junín. Ha pasado tres años desde que Cáritas empezó a trabajar en Llacta. Ahora, Sonia y otras 11 familias de su comunidad han implementado galpón de cuyes, fitotoldos, biohuertos, chacras producivas, cocinas mejoradas, alacenas, refrigeradoras ecológicas, rincón de aseo y otros que les permite una mejor calidad de vida.
Pero también ahora, el reto es convertir a experiencias como las de Llacta en una política de Estado, que los Gobiernos Locales y Regionales asuman compromisos para que inviertan en programas de seguridad alimentaria. Ese es el llamado de Mons. Pedro Barreto Jimeno, Arzobispo de Huancayo, a las autoridades elegidas en el último proceso electoral.