Marilú Martens: “Soy católica, ahora un poco confundida con las reacciones de la Iglesia”

La exministra de Educación buscará contribuir con el empoderamiento de las mujeres rurales del país
Marilú Martens: “Soy católica,  ahora un poco confundida con las reacciones de la Iglesia”

Marilú Martens: “Soy católica, ahora un poco confundida con las reacciones de la Iglesia”

22 de Octubre del 2017 - 09:30 » Textos: Mari Liss Núñez » Fotos: Ángela Ponce

Era la tarde de su último día en Ministerio de Educación cuando, en la fría explanada del patio de esa institución, un piropo sacudió a Marilú Martens. "Eres hermosa", le dijo Idel Vexler, quien estaba a minutos de sucederla en su cargo, y le hizo recordar que era indispensable que en la nueva etapa de su vida renueve su sigilosa lucha por desarraigar el machismo de la cultura nacional.

A los ojos de muchos peruanos, Marilú Doris fue el percutor que disparó el tiro de gracia al gabinete de Fernando Zavala frente a la oposición fujimorista. Lejos de sentirse responsable, veinte días después de dejar su puesto, la exministra de Educación afirma -con una sonrisa- sentirse orgullosa de haber sido parte de una decisión "que defendió una política de Estado": la educativa.

Sentada en uno de los tantos muebles blancos cuidadosamente escogidos para la sala de su departamento de San Isidro, la mujer que enfrentó la presión política y social al encontrarse entre un fuego cruzado de poderes y una exacerbada huelga de maestros rechaza la imagen que algunos le atribuyen de "ministra débil". Por el contrario, afirma que "tenía los pantalones bien puestos" para "proteger" la evaluación magisterial y la reforma educativa, aunque le haya costado el puesto.

Era una percepción sobre usted
Todo el mundo me dice con pena: Oye, cómo te han maltratado. (…) pero, algo que he podido demostrar es que tengo carácter y que he sido muy firme en las decisiones. Tuve una posición no negociable por mantener la evaluación, los descuentos a 45 mil profesores y los procesos disciplinarios. No quería ser ministra por ser ministra, lo acepté porque creo que la educación es lo que permitirá una reforma social y trabajé por eso con convicción.

Su remembranza inmediata le hace puntualizar que, incluso, pidió al Ministerio de Economía y Finanzas congelar las cuentas a las UGEL que estaban pagando a los huelguistas. La evocación continúa con Pedro Castillo, el sindicalista del Sutep, quien, explica, le ha dado la razón cuando intentó inscribir un partido político; pues sus intereses eran personales más que colectivos. Semanas antes de esta entrevista, Martens intentaba solucionar una paralización nacional de clases escolares que duró 78 días y prendió las antorchas de los 79 legisladores opositores que votaron para interpelarla y censurarla, tal como lo hicieron con su antecesor, Jaime Saavedra. Con un semblante más relajado, ella nos recibió en su casa, un miércoles por la tarde. Entonces, lo único que la tenía inquieta era el matrimonio de su hija menor, Andrea (28), quien se casó cuatro días después de nuestra conversación.

"Ahora ella tiene toda mi atención", dice emocionada, después de comentar que se encuentra evaluando opciones para retomar su trabajo profesional. Esta vez aspira a contribuir con el empoderamiento de las mujeres de las zonas rurales.

CONFUSIONES DE FE. Tener una posición dentro del Gobierno que, sostiene, "no pidió" la enfrentó a su propia fe. La creación del colectivo "Con mis hijos no te metas" y los ataques de grupos religiosos de la Iglesia católica para desbaratar la instauración del enfoque de género en el currículo escolar la alejaron de los sermones dominicales y le provocaron una confusión interna sobre sus creencias religiosas. Especialmente, por las reacciones de algunas autoridades; por ejemplo, su máximo representante: Juan Luis Cipriani.

¿Usted practica alguna religión?
Yo soy católica; creo mucho en Dios. Admiro a la Virgen como mujer. Y la admiro, ¿sabes por qué?, no tanto desde el punto religioso, sino porque la he seguido y digo: ser madre de un hombre como Jesús, haberle enseñado a leer, a escribir, los valores. Lo que tuvo que sufrir y fue hidalga, fuerte. (…) Soy católica, ahora un poco confundida con las reacciones de la Iglesia… de algunas personas de la Iglesia.

Porque rechazaron el enfoque de género sin escuchar explicaciones...
Esas son las cosas que me tienen confundida de las religiones, de algunos de sus representantes. El mismo papa Francisco no discrimina a las personas con orientaciones sexuales diferentes. Ha bautizado a un niño hijo de parejas homosexuales. Aquí se horrorizarían algunos.

¿Como Cipriani?
Sí. La Iglesia debe acoger, no espantar a los feligreses. Falta claridad; lo que buscamos es unir, que haya esta fortaleza en las familias, respeto y valoración por los demás, amor hacia uno mismo. Así como dice este mandamiento que me tanto me gusta: amar a Dios y amar al prójimo como a ti mismo.

Pero rechazan la igualdad porque, dicen, avala la homosexualidad…
El enfoque de género me parece básico (…) Cómo no va ser importante; hay que erradicar este tipo de conductas (de violencia de género) y justamente si las personas que se oponen tanto a la igualdad de género, si han leído el currículo, se deberían dar cuenta de que eso es lo que se trabaja.

FEMINISTA DE HOGAR MACHISTA. Martens se formó en un hogar católico, machista según ella misma reconoce. Desde los 8 hasta los 16 años, vivió en Costa Rica, a donde tuvo que viajar con su familia porque sus papás empezaron a trabajar en el Instituto Costarricense de Electricidad, empresa estatal que brinda servicios de energía eléctrica y telecomunicaciones en ese país.

Siendo la quinta de siete hermanos (tres hombres y cuatro mujeres), le gustaba más jugar con los varones, por ser sus contemporáneos. Con ellos, intentaba practicar su pasión por el fútbol, la cual no desarrolló por impedimento de su padre. Frases como "te voy a poner pantalones" o "te voy a poner chimpunes" hicieron que opte por otras actividades recreativas.

Esos estereotipos me limitaban; en mi época las mujeres no jugábamos fútbol. No te digo que sean experiencias que hayan restringido mi vida, pero me hacían sentir en otra posición. (…) Sí tenía un hogar machista, pero lo veía como natural.

En su casa, los hombres eran los hombres de la casa. Eran los privilegiados; tenían otro tipo de actividades. Sí había diferencias, sostiene, propias de una época en la que la preponderancia de lo masculino era más marcada en la sociedad. A pesar de estas concepciones culturales, asegura que en el seno familiar se promovieron las mismas oportunidades para el desarrollo académico.

La autodeclarada feminista y exministra de Educación argumenta que no hay una claridad en el significado de esta palabra, pese a que despierta pasiones. El feminismo, reflexiona, no es otra cosa que un movimiento social que busca el reconocimiento de las capacidades, oportunidades y derechos de la mujer ante la sociedad, que muchas veces son atribuidos a los hombres.

Gabriel y Andrea la compenetraron con las luchas de la generación del siglo XXI.

La igualdad de género es lo primero que se tiene que trabajar. La violencia hacia la mujer ya no debería existir. El machismo es algo que debimos haber erradicado hace tiempo de nuestra sociedad. Creo que con trabajo responsable y tenaz lo vamos a hacer.

Esta perspectiva, distinta a la de su formación, es atribuida a Gabriel y Andrea, sus hijos. Ellos le enviaban mensajes de Whatsapp alentadores para mitigar el impacto de los fuertes adjetivos que algunos legisladores le lanzaron durante su interpelación. Ma, no escuches; no vale la pena, le escribía Gabriel desde Washington.

La experiencia de ser madre le permitió a esa mujer de 52 años -quien tranquilamente podría pasarse toda una tarde hablando sin parar- comprender que el machismo es un tema generacional. Una práctica normalizada que afloró cuando Idel Vexler destacó su "hermosura" antes que su capacidad profesional. Un pensamiento enraizado y normalizado que convirtió la galantería del titular del Minedu en una actuación censurada por varios sectores.

Siempre digo que a mí me hubiera gustado nacer en esta generación (ríe). Es en este momento de la vida que le tocó a esta generación, por múltiples razones, tener el reconocimiento y la apertura de poder hablar de todo, de poder ser horizontal y decir las cosas con todo el respeto que se puede decir cualquier idea, sea tema de género, religioso o ético. He podido conversar muchísimo con mis hijos, desde muy pequeños, y así poder entender varias cosas a través de ellos.

Gabriel y Andrea nacieron cuando Marilú cursaba el último año de sus estudios de educación especial en la Universidad Femenina del Sagrado Corazón (Unife), en Lima. Había vuelto de tierras costarricenses a los 16 años, cuando a los tres meses conoció a Jaime Aguirre, con quien luego de tres años de noviazgo se casó un día de agosto. Aún era una veinteañera. Dos años después, dio a luz a Gabriel; luego de 18 meses, llegó Andrea.

Cuando saqué mi bachillerato, ya tenía un hijo y estaba embarazada de mi segunda hija. Me he graduado con dos hijos. Cuando nació Gabriel, tuve que dejar un ciclo; no tenía con quién dejarlo. La carrera se me hizo un poquito más larga y de ahí salí embarazada de Andrea, a los 22.

En esta situación, criando por primera vez a dos nuevas vidas, Marilú relegó sus prioridades para atender a sus bebés que, señala, eran casi mellizos por el poco tiempo que se llevan. Así, "se me fue yendo la licenciatura... se me fue yendo la licenciatura y se me fue la licenciatura. Lo que hice fue criar a mis hijos, trabajar y después estudiar una maestría, a los 40, por ahí...".

¿Sintió desazón cuando la llamaban la bachiller en el Congreso?
¿Por qué me decían bachiller? No. Soy bachiller y no tengo por qué avergonzarme. Si hablamos de grados, tengo maestría… mucho más de lo que tienen algunos congresistas. Además, tengo dos diplomados.

La trataron muy mal, ¿no?
El nivel de agresión que hay en el Congreso es algo que debe cambiar; me sentí agredida. No tiene que pasar así. La interpelación es un ejercicio democrático muy bueno; nunca lo vi malo.

Su tono contestatario lo aprendió de Andrea y Gabriel. Ellos, para Marilú, representan a todos los jóvenes de la generación del siglo XXI: sus hijos. "Cuando te digo 'mis hijos', hablo de la generación de ustedes", dice mirándonos. "¡Me encanta! Es una generación que busca la verdad más allá del titular, en el tema de la religión, en el tema de los valores. No es que creas en un valor porque es un valor".

En esta idea, gira el resumen de la exministra de Educación, quien tiene por norma cuatro pilares esenciales: el respeto, la solidaridad, la inclusión y la lealtad.

En el ministerio, durante mi gestión, había mucha gente joven. Les dije: Tranquilos, aquí todos van a seguir en su trabajo, pero no va a entrar nadie más viejo que yo. Me parece que los jóvenes dan mucho dinamismo; le dieron otra velocidad al Minedu, con una visión diferente. Eso es importante.

Marilú Martens, la mujer que se negó a renunciar a su puesto por ser un capricho del fujimorismo, la exministra de Educación que está convencida de no haber desestabilizado al gobierno de Pedro Pablo Kuczynski, se ha movido por la vida con base en sus convicciones y aprendizajes, motivada por su necesidad de dar para ser feliz; lo cual, en sus propias palabras, puede ser hasta un poco egoísta. Estudió educación especial porque quiso contribuir con las personas que, como su hermana Maribel, tienen habilidades diferentes. Aceptó ser titular del sector educativo para implantar una nueva cultura desde la raíz y ahora -después de haber conocido la realidad de la peruana que vive las zonas rurales- planea zambullirse en actividades que permitan empoderarla y darle herramientas para no depender de los hombres. "Si es en el sector público, mejor; desde allí, se pueden hacer cosas que tengan mayor escalabilidad, mayor impacto en el país".

Soy una persona muy agradecida con la vida. Tengo una familia por la cual agradezco siempre, tengo unos hijos por los cuales me siento muy feliz de tener; sin embargo, creo que el tema de ser feliz o no ser feliz es una decisión y una actitud. Yo tengo un sueño, un proyecto de vida y, definitivamente, mi proyecto de vida es poder construir y poder contribuir. Dar es lo que me hace feliz; lo bueno es que no dependo de nadie para ser feliz porque es un tema mío.