Mario Camoirano

Mónica Delta se formó en la Esquina de la Televisión y llegó a convertirse en un símbolo de Panamericana Televisión, hasta que la traición de Ernesto Schütz (padre) primero y los apetitos del gobierno de Alejandro Toledo por tener una prensa que no lo critique la obligaron a renunciar a todo y comenzar desde cero en los EE.UU. De vuelta a su país ha decidido exorcizar todos sus demonios y enemigos con su testimonio Minutos antes de las ocho que hoy se presenta en la Feria del Libro.

Correo: ¿Crees que tus inquisidores se van a retractar o pedir disculpas por lo que dices en tu libro? Lo más probable es que te califiquen como otra geisha que busca reciclarse.
Mónica Delta: Primero, nunca planifiqué escribir un libro. Fue un ejercicio de catarsis que tomó forma literaria. Es una recopilación de momentos que me han marcado. Me importa un comino lo que piensen los críticos. Y sobre lo del acercamiento con el régimen de Fujimori, no sólo en el libro sino a lo largo de toda esa década nefasta dejé bien en claro que nunca apoyé la dictadura ni simpaticé con Fujimori. ¿Cuántas veces lo entrevisté? Ni una sola. Las únicas veces que el "Chino" aceptó ir al set de Panorama fue con Güido Lombardi y en el 2000, el año de la re-reelección, me tuve que hacer la enferma, para justificar que lo entrevistara Eduardo Guzmán. No habré sido la periodista más incisiva, pero nunca fui al SIN para obtener una primicia.

C: Pero hay un famoso video donde Schütz le dice a Montesinos cómo te "manejaba", cómo te "encuadraba".
MD: Schütz quiso dar la impresión que podía digitar las preguntas de las entrevistas. Por supuesto que, como cualquier broadcaster hablaba con el director periodístico (Eduardo Guzmán) y conmigo como responsable de las entrevistas, pero jamás nos impuso nada. Se la quiso dar de panudo ante Montesinos.

C: En tu libro dices: "Quizás Schütz nos conminaba a que tratáramos con más cariño a Fujimori".
MD: Tu cita es incompleta, porque a renglón seguido aclaro que nunca nos impuso nada. Él sabía muy bien que jamás nos dejaríamos. Schütz me daba información durante las reuniones previas, y es probable que eso haya influido en mis preguntas, pero yo siempre fui la propietaria de mis entrevistas, de lo que decía y de lo que dejaba de decir al aire. Mi estilo jamás ha sido el de lanzarme a la yugular del entrevistado pero siento que, al menos en la mayoría de ocasiones, pregunté lo que el público quería saber.

C: Una de las confesiones que más impacta es cuando reconoces que trataste de armar la imagen de tu padre, quien falleciera cuando apenas tenías cuatro años, con la de personas vinculadas al poder político. Es inevitable asociar ello a la figura de Alan García.
MD: Yo soy de las personas que ha analizado su perfil en muchas ocasiones y he comenzado a atar cabos respecto de una cosa y la otra y finalmente llegué a la conclusión hacia dónde iban mis necesidades o falencias afectivas. Pero eso no fue el caso de Alan García. Con él surgió una amistad y nada más que eso. En el libro explico cómo fue nuestro primer encuentro, cuándo rechazó una entrevista diciéndome "Oiga señorita, ¿usted no sabe que está hablando con el próximo Presidente del Perú?". Absolutamente pedante y malcriado.

C: Pero luego se disculpó con un ramo de flores?
MD: De geranios, que no sé cómo pudo conseguir en medio del arenal. Ese día empezó nuestra amistad, una amistad que muchos colegas quisieron convertir en idilio. Lo que no sólo me trajo problemas matrimoniales, sino también con los siguientes presidentes.

C: Una amistad que te llevó a convertir en su confidente.
MD: Y también a perder un poco de objetividad al momento de juzgar a su gobierno. Es una amistad como la que seguramente tiene o ha tenido con otros periodistas, hombres o mujeres. Pero recuerdo cuando alguna vez intenté convencerlo de que no estatizara la banca. Intuía que estaba cometiendo un error que terminaría por marcarlo el resto de sus días.

C: Obviamente no te
escuchó.
MD: Es que García no necesita consejos, él sólo quiere un auditorio. Tiene una gran habilidad para filtrar las palabras de los demás y escuchar sólo la suya. El Alan García de los ochenta me recuerda al Hugo Chávez del siglo XXI: populista, charlatán, destemplado.

C: ¿Y el Alan García del siglo XXI?
MD: De ser un joven rebelde que quería cambiar al mundo, la madurez le ayudó a aprender de sus errores y el mundo terminó por cambiarlo a él.

C: ¿Por qué te pusieron la "Thatcher" de la televisión?
MD: Porque me vieron muy inflexible, impenetrable, calculadora. Yo era muy reacia a abrirme a otros colegas. No tenía mucha relación social y prefería vivir en mi búnker. También porque muchas veces tuve que "espantar" a los colegas que querían "cobrar" favores.

C: ¿Cómo marcó tu carrera la rivalidad con Roxana Canedo?
MD: El medio televisivo es muy competitivo y complicado en términos de relaciones humanas. Nunca tuve una relación amical con ella, quien en esa época era la reina y señora del tema político. Lo que pasa es que a mí me tocó, circunstancialmente, reemplazarla en varios puestos hasta llegar a la conducción de Panorama. Yo nunca tuve la intención de serrucharle el piso a nadie.

C: ¿Cómo pudiste triunfar en Panamericana fuera del círculo íntimo de "Papaúpa"?
MD: Porque en los ochenta el canal era manejado alternativamente por los tres hermanos. Con el único con quien desarrollé cierta confianza y hasta podría decir que fue una especie de tutor, fue con Héctor. La razón principal por la que me fui de Panamericana fue precisamente para no trabajar con el mafioso de Genaro y su matón, Alejandro Guerrero.

C: ¿No fue por presión de Palacio de Gobierno y en particular de la Primera Dama?
MD: No en ese momento, pero cuando semanas después me llaman de la competencia para ofrecerme un trabajo, me entero que hubo una orden terminante de que a mi manan para Toledo y sobre todo para Eliane Karp, las disculpas públicas que tuvo que dar el candidato después de una intervención telefónica (y probablemente bajo la influencia del alcohol) en Panorama siempre le supieron a chicharrón de sebo.

C: En tu libro dices que en EE.UU. la política parece hacerse en serio
MD: Aquí la política, además de ser muy localista, se ha convertido en entretenimiento. La gente en el Perú no se sentaría jamás a ver un debate entre dos personas inteligentes sobre una política pública. La televisión peruana necesita más impacto que contenido.