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Esta es una noticia que alegrará a los defensores de la medicina natural. A comienzos de la década de 1960 el botánico Arthur S. Barclay en el monte Santa Helena, al noroeste de EEUU, recolectó cortezas de tejo del Pacífico, un árbol que ronda los 12 metros y es nativo de esa región de Norteamérica, hoy millones de personas deben su vida a aquel gesto. El botánico formaba parte de un programa del Instituto Nacional del Cáncer de EEUU para estudiar la posible actividad antitumoral de unas 35.000 plantas. Y, en 1963, el químico Monroe Eliot Wall descubrió que aquel extracto de corteza de tejo del Pacífico tenía poderosos efectos anticancerosos.

El problema del compuesto, conocido como paclitaxel, era su escasez. La corteza de un árbol de 12 metros apenas servía para producir medio gramo de paclitaxel. Y para eso había que esperar 200 años para que creciera un árbol. Sin embargo, la farmacéutica estadounidense Bristol-Myers Squibb desarrolló un sistema alternativo para obtener el compuesto a partir de otra sustancia similar presente en el tejo europeo, más abundante que el tejo del Pacífico. La empresa registró entonces el compuesto con el nombre comercial de Taxol y las autoridades de EEUU aprobaron su comercialización en 1992. En 2000, las ventas superaban los 1.500 millones de dólares al año.

Hoy, el paclitaxel se sigue empleando para tratar el cáncer de mama, el de ovarios y algunos tipos de tumores de pulmón. 

MÁS LOGROS DE LA NATURALEZA

Además, un equipo internacional de científicos, en el que participan tres españoles, acaba de probar 100.000 fármacos para descartar 99.999 y quedarse con solo uno, el único prometedor para luchar contra la diabetes. El compuesto, la harmina, se extrae del harmal, una planta de Oriente Medio, y de vides sudamericanas. El poder de la medicina natural y tradicional están generando grandes logros. 

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