Antonio Zapata: “En la época de Sendero Luminoso, la clase política peruana estuvo hasta el cien”

Historiador peruano y exconductor de Sucedió en el Perú publica La guerra senderista. Hablan los enemigos, en el que recoge versiones de Elena Yparraguirre y de las FF.AA. sobre el conflicto interno

10 de Septiembre del 2017 - 15:59 » Textos: Carlos Narciso Napán » Fotos: Grupo Epensa

El historiador peruano Antonio Zapata considera que la excarcelación de Maritza Garrido Lecca, quien ocultaba y cuidaba a Abimael Guzmán y Elena Yparraguirre antes de ser capturados el 12 de setiembre de 1992 por el Grupo Especial de Inteligencia Nacional (Gein) de la Policía Nacional del Perú, no representa ningún peligro para la sociedad.

El docente universitario concedió una entrevista a Correo a propósito de la publicación de su libro La guerra senderista. Hablan los enemigos (Taurus, 2017), en el que plasma sus recuerdos de las conversaciones que tuvo durante dos años con Elena Yparraguirre, o la camarada Miriam -esposa del máximo líder de Sendero Luminoso- que complementa con las versiones institucionales y oficiosas del Ejército, la Marina de Guerra y la Policía sobre las acciones ejecutadas durante la guerra interna.

Zapata, un exmilitante de la izquierda legal, cuenta que conoció a Yparraguirre durante las charlas que ofreció a las condenadas por terrorismo en el penal de máxima seguridad de mujeres de Chorrillos y que tuvieron 21 conversaciones desde 2009, sin grabadora y sin papel.“Salía corriendo para escribir lo que me acordaba. Todo acabó siendo mis palabras y no las de ella. Eso no me gustaba y dejé reposar el texto, hasta que fueron apareciendo otras publicaciones y me planteé hacer una composición más integrada con diversas versiones”, refiere el exconductor del programa Sucedió en el Perú.

Después de haber pasado varios años en prisión, ¿le preguntó a Yparraguirre si estaba arrepentida por sus actos? 

Ella es una persona condenada a cadena perpetua y este tipo de situación te lleva a que te reafirmes en lo tuyo. El día que te quiebras, tu vida entera pierde sentido. Ese tipo de condena predispone a que no haya autocrítica, pero aquellos que estaban condenados a penas fijas, 10, 20, 25 años, de alguna manera han procesado su experiencia. Elena cree que hizo algo bueno y que en medio de eso hubo errores, pero su propio balance de su vida es positivo.

Esos errores son los muertos que dejaron, los asesinatos que cometieron... 

Ajá, pero no todos, porque en toda guerra hay muertos. El problema es que ella cree que la guerra era justa. Ella piensa que está bien lo que hizo y, pues, lástima por las víctimas.

¿Qué la hizo cambiar y dejar a su esposo, a sus hijos, teniendo una vida de clase media sin problemas? 

Fue por razones ideológicas, por convicciones, por la creencia de que en este mundo hay demasiada injusticia y que hay riqueza suficiente para que nadie sea pobre ni muerto de hambre y que esta se distribuye tan mal por el egoísmo de unos pocos. Ella piensa que eso hace moralmente injusto el sistema. Y justifica la decisión extremista de levantarse en armas.

¿Cada cuánto tiempo ve Elena a Abimael? 

Como se han casado, ella lo ve una vez al año, pero siempre sabe de él, porque los abogados son los mismos, van todas las semanas a verlos. Ella le manda encargos, le escribe algunas líneas, le manda alguito de comer, algunas cositas, alguna chompa, una bufanda. Están en contacto. Personalmente poco, pero indirectamente regular.

En el libro también habla de los abusos y delitos cometidos por miembros de las Fuerzas Armadas... 

Ellos dicen que fueron excesos cometidos por oficiales que perdieron la cabeza debido al estrés de la guerra, pero que en ningún momento hubo órdenes o directivas de arrasar pueblos, de matar gente indiscriminadamente. Eso es lo que ellos dicen. Ahora bien, como estábamos viendo el juicio de Los Cabitos, que acaba de terminar, pues no era tan así, porque en medio de un cuartel había un horno y los restos de un montón de gente. Entonces, eso tuvo que haber sido autorizado por el mando del cuartel.

Supuestamente liberarán este lunes a Maritza Garrido Lecca. ¿Cómo cree que debemos reaccionar o actuar los peruanos ante su salida? 

Maritza Garrido Lecca era una persona que cuidaba a Abimael Guzmán y a la cúpula, pero no era integrante de ella, ni siquiera era militante de Sendero. No tenía chapa. Era una amiga que cuidaba a los líderes. No cometió ningún acto terrorista, no mató a nadie, nunca puso una bomba. Solo cuidaba al jefe. No digo que sea poca cosa, pero por ello ya pagó 25 años, que no es poco.

¿No le debemos tener miedo entonces? 

A ella, no. Supongo que a algunos les cuesta perdonar, pero a otros no nos cuesta. Maritza Garrido Lecca no representa ningún peligro. Es una señora bailarina de convicciones radicales que cometió un delito por el cual ya pagó.

Para usted, ¿cual fue el peor error que cometió Sendero Luminoso? 

El error máximo de Sendero fue iniciar una guerra en un momento en el que no era necesario porque el Perú vivía en democracia, no en una dictadura. Y, segundo, el gran error fue librar la guerra como la libraron, con gran crueldad, con asesinatos a dirigentes rivales. Entonces, fue una guerra realizada en un mal momento y de una manera muy cruel y muy abusiva, matando civiles que estaban desarmados. Hubo una política de abuso de los derechos humanos por parte de Sendero.

En su libro también se cuestiona el papel de la clase política, pues se dice que en el momento del conflicto el Estado le pasó la pelota a las Fuerzas Armadas y se limpiaron las manos... 

Eso es lo que dicen los milicos. Si tú lees lo que dice el Ejército y la Marina, esta de forma más clara, más convincente, el argumento es “la clase política nos pasó la papa caliente y no nos dijo más que ‘ustedes hagan lo que saben’”, y ellos, los milicos, no tienen análisis político, no tienen por qué saber si estas fuerzas son aliadas, si están en contra, o si con estas hay que trabajar así o asá, simplemente entraron a la diabla. Si hubiesen tenido orientación política, las hubieran podido distinguir. Sin liderazgo político, con una papa caliente en las manos, se cometieron una serie de desatinos. Y la Marina dice que en la época de la Comisión de la Verdad y Reconciliación (CVR) les pidió una autocrítica, pero no a la clase política, que no ha asumido sus responsabilidades. No me parece al 100% cierto porque esa es una forma de excusarse también. Pero algo de razón hay. La clase política, en todo caso, estuvo hasta el cien.

¿Qué reflexión puede darnos sobre el 25 aniversario de la captura de Abimael, que se cumple este 12 de setiembre? 

Que el mérito es de la Policía y que en este país pocas veces se reconoce a esta institución y que más bien habría que resaltar que a la hora que la Policía quiere hacer algo, y se le dan los medios y se les da el apoyo, lo logra.

PERFIL 

Antonio Zapata

Historiador

Docente de la PUCP y especialista en Historia Contempo-ránea. Hizo un doctorado en la Universidad de Columbia. Es miembro del Instituto de Estudios Peruanos.

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