A través del humor —una herramienta poco usual para abordar el conflicto armado interno— el escritor César Torres construye, en su ópera prima "Obras completas de A" (Espejos Invisibles), una historia policial con tintes satíricos que no busca trivializar, sino evidenciar lo absurdo, lo contradictorio y lo incómodo de la memoria peruana.
En entrevista con Correo, reflexiona sobre los límites del humor, los tabúes en la literatura y la forma en que el país sigue procesando su historia reciente.
“Para sobrevivir en el Perú —esta ‘tierra de desconcertadas gentes’— ahora y siempre, un sentido del humor es vital. Si no, apagamos las luces y nos vamos. No sé cómo hace la gente que no se ríe de este país. Más que marcar una distancia, el humor ilumina de colores extraños la realidad y nos permite detectar lo absurdo, lo ridículo, lo cruel. Eso puede ser catártico”, explica Torres.
Tu novela parte de una premisa provocadora: “las obras completas” de una figura como Abimael Guzmán. ¿En qué momento sentiste que este tema podía abordarse desde la ficción —y además desde el humor— sin caer en lo frívolo?
Yo siempre comienzo a pensar en una historia con las palabras mágicas “¿No sería gracioso si...?” En este caso: ¿no sería gracioso si alguien publicara las obras completas de Abimael Guzmán? No me preocupé por lo frívolo: la pregunta ya contenía su propia incomodidad. El humor no borra el peso del asunto, al contrario: lo hace más visible. Ya hay mucha gente que ha abordado el Conflicto Armado Interno con toda la seriedad que merece, desde la ficción y desde la no ficción. Quizás faltaba alguien que se preguntara qué pasa si te ríes.
¿Qué tipo de incomodidad buscabas generar en el lector? ¿Te interesa más que se ría, que se cuestione o que se incomode?
Como es una novela cómica, lo primero que quiero es que la gente se ría: esa es la vara más inmediata. Si alguien me dice que le dio risa, ya gané alguito. Yo soy un tipo chapado a la antigua. Por buena crianza, no quiero incomodar a nadie para «mantener el pacto infame y tácito de hablar a media voz». Lo que pasa es que a veces la realidad no colabora.
En la novela hay una reflexión sobre la circulación de discursos y textos. ¿Qué dice esta historia sobre cómo consumimos hoy la memoria y los relatos políticos?
En la novela hay personajes como el político de ultraderecha que ve una versión deformada de la historia y la realidad, casi incomprensible para el resto… pero que poco a poco empapa a los otros. La paranoia es contagiosa. Nos acomoda esta vida online en la que sabemos que los algoritmos solo nos dicen lo que queremos oír y aún así los escuchamos. Abimael Guzmán es un personaje paradigmático para nuestra actualidad: tanto él como Sendero Luminoso han sido vaciados de contenido real, reducidos a una abstracción: para unos, el monstruo; para otros, un desconocido. ¿Es eso casualidad o diseño?
¿Crees que en el Perú seguimos teniendo temas “intocables” en la literatura? ¿Este libro intenta romper con eso?
El título original era «Obras completas de Abimael Guzmán», pero la editorial temió la polémica y le quitamos el apellido y, al mes siguiente, el nombre hasta quedar en una sola letra. Por poco y se llama «Obras incompletas». Eso ya dice algo sobre los límites que todavía existen. La sociedad peruana tiene tabúes; la literatura, no. El arte ha ido adentrándose en los grandes traumas del Conflicto Armado Interno. Muchos lo han hecho desde la seriedad, desde lo testimonial; algunos lo harán desde lo fantástico. Mi novela intenta entrar por el humor. Estoy seguro de que no es la mejor forma, pero sí es legítima.
Más allá de lo político, hay también una mirada sobre el mundo editorial y cultural. ¿Hay algo de sátira hacia ese ecosistema?
Si hay parodia y homenaje en la novela, es al mundo de los diarios que conocí y que algunos dicen que está muriendo: las peleas por las notas, los editores y redactores con sus egos y componendas, la redacción a las tres de la mañana y un poquito de bohemia. Las notas, entrevistas y columnas le dan un disfraz de realismo a las tramas desopilantes. Es mucho más fácil escribir notas en las que inventas todos los “factos”, como se dice ahora.
Este es tu primer libro en una editorial. ¿Cómo fue el proceso de pasar de la escritura a la publicación formal? ¿Cambió algo en tu forma de ver tu propio trabajo?
Cuando pasas mucho tiempo escribiendo para ti mismo, tienes la sensación de que eres invencible. Luego el editor te dice que hay que cortar tu broma o tu escena más preciada por la salud de la novela. Pero todo se arregla conversando. Yo quería terminar con los capítulos en La Habana, la editorial quería comenzar ahí. Para nadie: partí el texto y ubiqué una mitad al principio y la otra para el cierre. Todos felices, todos contentos: como en esta democracia.
¿Qué autores o tradiciones sientes cercanos al momento de escribir esta novela? (peruanos o no)
Desde muy chico leí novelas de detectives, de terror y de ciencia ficción, y eso no ha cambiado mucho. Autores como Simenon y Hammett han influenciado «Obras completas de A», que tiene más de novela policial que de cualquier otra cosa. Pero también tengo que destacar la influencia de Ribeyro, que es el autor peruano que más he leído y que funciona como una especie de soporte, de superestructura, de lo que escribo. No por nada tengo siempre a la mano, en mi escritorio, «La tentación del fracaso».
Si tuvieras que resumir Obras completas de A en una idea incómoda o polémica, ¿cuál sería?
Como ya había tantas novelas históricas, escribí una novela histérica sobre el pasatiempo nacional de terruquear.
Después de este libro, ¿hacia dónde te interesa llevar tu escritura? ¿Seguir en esa línea de humor político o explorar otros registros?
Somos un país muy gracioso y eso se filtra en lo político. Basta ver que tenemos 36 candidatos a presidente. En mi próximo libro, «Los buenos peruanos», un libro de cuentos que busco publicar, llevo esa mezcla al terror doméstico: asesinatos, secuestros, paranoia, un linchamiento. El género —detective, horror, ciencia ficción— es solo una máscara. La obsesión de fondo siempre es la misma: el Perú como problema e imposibilidad, para variar.
SOBRE EL AUTOR
Influenciado por autores como Julio Ramón Ribeyro, así como por la novela negra y la ciencia ficción, Torres construye relatos donde lo absurdo y lo cotidiano conviven. Su experiencia en redacciones periodísticas también se refleja en su narrativa. Actualmente, trabaja en un nuevo libro de cuentos, Los buenos peruanos, centrado en el terror y la violencia cotidiana.
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El también periodista presenta “Obras completas de A”, una novela que recurre al humor para abordar uno de los temas más sensibles de la historia reciente del Perú