Margarita García Robayo: “El día que uno deja de preguntarse es porque está muerto”

Autora reúne textos autobiográficos en su libro Primera persona, publicado recientemente en el Perú
Margarita García Robayo: “El día que uno deja de preguntarse es porque está muerto”

Margarita García Robayo: “El día que uno deja de preguntarse es porque está muerto”

08 de Enero del 2018 - 13:14 » Textos: Bryan Paredes bparedes@grupoepensa.pe

La escritora colombiana Margarita García Robayo, desde Buenos Aires (Argentina), conversó con Correo sobre la publicación de su libro Primera persona (Pesopluma, 2017) en el Perú. En las páginas de dicha obra, la ganadora del Premio Casa de las Américas 2014 se sumerge en una exploración de temas ligados a la familia, la sexualidad, la maternidad: un recorrido, desde su experiencia personal, que siempre deja más preguntas que respuestas.

¿La literatura casi siempre es autobiográfica al tomar elementos personales del autor? 

Sí, creo que la escritura es un ejercicio de memoria. Una va como tomando cosas de uno mismo y de su entorno para construir la ficción. Pero en este caso son textos que están hechos, la mayoría de ellos, a pedido. En su mayoría han sido publicados en revistas que me encargaban ese tipo de textos. Son ensayos, más que relatos. Es un libro de ensayos o de textos con cierto tinte autoficcional.

¿Qué encontraste en la relectura de algunos de estos textos? 

El libro es como una colección de textos que vienen de hace mucho tiempo, pero con un nueva lectura para juntarlos. Lo que hice con Pesopluma fue una especie de curaduría de varios textos y juntar los que nos parecía que le daban una sensación de unidad. Y que tuvieran la estética narrativa del transcurrir de una vida. Están los textos sobre un año en que me mudé muchísimas veces y luego el nacimiento de mi primer hijo. Entre eso y lo otro pasaron varios años. Los leí con la idea de armar ese recorrido. 

En libro está la frase “Al próximo poeta que proponga un verso sobre el mar, córtenle los dedos y que lo escriba con sangre”. ¿Esa oración tal vez encierra mucho tu poética de crear de un modo distinto a otros autores? 

Creo que es la ambición de todos los que escriben: tratar de tener una voz propia. Eso es lo que perseguimos todos los escritores, sin excepción, y es una fortuna cuando sale un texto que tiene algo distintivo. Todos terminamos escribiendo, queramos o no, en determinadas tradiciones y lineamientos literarios. Y calculo que difícilmente, unos con más proezas que otros, consiguen hacer aportes realmente significativos a la literatura. Es lo que tratamos todos. No porque el resultado final sea frustrante dejamos de hacerlo. Todo el tiempo los escritores estamos dando manotazos al aire, tratando de encontrar esa voz, esa imagen, esa especie de sintaxis particular que nos distinga de los demás.

¿Cómo ha sido tu exploración en temas como la familia, la maternidad, la sexualidad, de los que se cree bien conocidos, pero que en realidad es poco lo que entendemos? 

En mi exploración, tanto en estos temas como en otros, hay muchas más preguntas que respuestas. Dudo que alguna vez haya encontrado alguna respuesta. Me interesa mucho la literatura que indaga, y es lo que trato de hacer. Nosotros buscamos, decimos cosas, hacemos planteos, pero al final del texto, del libro, lo que queda es una o muchas preguntas. Me gusta también esa sensación que se parece un poco al ejercicio de la filosofía más que de la literatura o del periodismo, que van a lo fáctico. Y asimilo totalmente el fin de las preguntas a la muerte. El día que uno deja de preguntarse es porque está muerto.

En esa indagación, por ejemplo, muestras al mar como un sujeto monstruoso y peligroso, matices distintos a las concepciones de belleza y diversión con las que habitualmente se lo relacionan... 

Es muy distinto haber crecido frente al mar que entre montañas. En mi país se dan las dos situaciones, porque es un país muy variado. Cambias de ciudad y cambias de geografía automáticamente. El mar es un cuerpo extraño, monstruoso, hermoso, inspirador de poesías y de tragedias, que come gente y que también es recreativo. Es como engañoso. Estás frente a la inmensidad pero no puedes atravesarla. Se crece como con esa cosa esquizoide de vivir en un lugar totalmente abierto, que recibe constantemente cosas del mundo, porque llegan barcas, cruceros, de todo de afuera, pero no puedes salir. Si miras al frente, tienes un gran obstáculo para salir al mundo. Te condiciona crecer frente a algo tan cargado de significado.

PERFIL 

Margarita García Robayo

Narradora colombiana

Nació en Cartagena. 

Es autora de las novelas Hasta que pase un huracán (2012), Lo que no aprendí (2014) y Tiempo muerto (2017).

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