Rosa Montero: “No escribo de perdedores, escribo de supervivientes”

Invitada de lujo a la 23° Feria Internacional del Libro de Lima, la novelista habla de su obra y la literatura

20 de Julio del 2018 - 13:29 » Textos: Una entrevista de Johnny Padilla » Fotos: Adriana Quesada

"Ni pena ni miedo”, frase “prestada” del poeta chileno Raúl Zurita, se lee en un tatuaje ubicado en su nuca. No es el único del que que presume en su cuerpo Rosa Montero, Premio Nacional de las Letras Españolas 2017, pero quizá es al que a sus 67 le tiene un cariño especial. “Es una maravillosa guía para la edad madura o para la vejez, pues cuanto mayor eres, más pena vas teniendo de lo que vas perdiendo. De la vida que vas dejando atrás, de la gente que se va muriendo y del miedo que sientes a lo que te espera”, dice la escritora española invitada de honor de la 23° Feria Internacional del Libro de Lima.

¿Y se puede crear a partir del dolor, de la ausencia? 

Escribir inmediatamente a raíz del dolor, eso es un diario personal que funciona mucho a ese nivel; puede ser un desahogo pero no hace buena literatura. La narrativa necesita una digestión previa, alejarse de esos sentimientos y convertirlos en algo.

Ese proceso finalmente se dio para escribir La ridícula idea de no volver a verte... 

Ese libro sobre la muerte de Pablo, mi pareja, lo empecé dos años después de su muerte, cuando ya el duelo estaba hecho. Yo ya podía hablar del duelo mío, pero no hablando de mi duelo, sino del duelo de todos. A eso me refiero, a esa especie de distancia y al mismo tiempo de profundización. Pero en alguna medida toda literatura, todo arte, nace del dolor; no quiero decir con esto del concepto del artista hipertorturado, es una tontería, pero es que en la vida hay tortura hasta en la vida más feliz. Ya solamente el dolor de morirse sería suficiente. Todo arte nace del dolor, pero del dolor profundo, de la existencia. Dicen: “El arte es una herida hecha luz”. Qué más podemos hacer de las heridas, convertirlas en luz para que no nos destruyan.

Dolor aparte, muchas de tus protagonistas: Bruna Husky (El peso del corazón), Leola (La historia del rey transparente) y Lucía (La piel del caníbal) son mujeres potentes que han vencido al miedo, a la pena... 

No siempre creía eso. Yo pensaba que escribía novelas de perdedores, hasta que un día, en un acto público me preguntan: “¿Qué estás haciendo?” y me escucho a mí misma decir: “Estoy preparando una novela de un taxista que se le muere su mujer y atraviesa la larga noche del alma. Resumiendo... una novela de supervivientes como todas las mías” y me quedé alucinada. “Cáspita”, dije. Pero si yo no escribo de perdedores, escribo de supervivientes, que es muy distinto.

¿Algo premeditado? 

Una estructura que no busqué conscientemente, como se escriben en el inconsciente, salen como salen. Aunque mis libros son uno distinto al otro, y la critica lo dice: me he dado cuenta que tengo una misma estructura. Empieza con un personaje hombre o mujer absolutamente calamitoso en un estado en el que se odia a sí mismo, odia al mundo, no comprende lo que le está pasando. Entonces empieza la novela, una aventura, una prueba que pone en riesgo físico al personaje, que atraviesa esa prueba, la supera; es un superviviente. Termina la novela en mucho mejor situación de la que empezó, quizás se ha perdonado, se quiere un poco... acepta a los demás.

Todos de alguna forma somos supervivientes. Allí tienes la clave del porqué del éxito de tus novelas... 

Esto que lo he dicho a posteriori después de haberlo descubierto, no lo he hecho a propósito. Te das cuenta que eso combina con todo lo que el ser humano es y con toda su trayectoria cultural, en el sentido que somos sobre todo bichos tenaces y supervivientes que estamos llenos de metáforas de esa supervivencia. Dice un refrán: “Que Dios no te mande todo aquello que puedas soportar”, porque lo podemos soportar todo o casi todo. Somos de una tenacidad que nos ha convertido en esta especie triunfante.

El año pasado ganaste el Premio Nacional de las Letras Españolas. ¿Te sorprendió? 

Llevaba un año muy malo, se me habían muerto amigos muy queridos, me había pasado de todo y de repente un día me llama el ministro tal y me da la noticia. Fue una emoción enorme, porque los escritores tenemos una inquietud y una inseguridad absoluta. Escribir novelas es encerrarte durante tres años de tu vida en tu casa a inventar mentiras, nadie te dice que eso tiene sentido, no hay una regla objetiva que te diga que lo que estás haciendo tiene un valor. Siempre estás con un inquietud total y arrastras una especie de herida.

¿Y qué viene ahora después de La carne? 

Acabo de terminar el primer borrador de la nueva novela sobre Bruna Husky. Me queda un mes de encierro para terminarla, aunque sé que el final es muy bueno, le mandé el borrador a mi editora con mucho miedo. Me dio mucho alivio lo que me contestó: “Es la mejor Bruna que has hecho hasta ahora”, me dijo.

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