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Todas las tardes, cuando el reloj marca las dos, el tarmeño Jorge Pacheco acomoda una pequeña pizarra en su puesto del paradero de la Ruta 13, en Tacna. A sus 83 años, sigue vendiendo los panes y empanadas que él mismo prepara desde la madrugada. Dice que trabajar lo mantiene despierto, útil y conectado con lo que más lo acompaña desde niño: la masa, el horno y el recuerdo de su tierra.
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Antes de que amanezca, repite el mismo ritual. Mezcla harina, mantequilla, azúcar, huevos y dos ingredientes finales que, asegura, vienen de su infancia en Tarma. Uno es un secreto que guarda celosamente; el otro, admite entre risas, es “ponerle mucho amor”. Aunque ya no recuerda los nombres de sus abuelos, no olvida las escenas: la mesa de madera, el rodillo, los panes inflándose en el horno que ellos mismos construyeron.
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Hoy, como usuario de Pensión 65 del Midis, don Jorge ha podido fortalecer el emprendimiento que sostiene su día a día. Fue carpintero, chofer, agricultor y criador de animales, pero siempre regresa al pan: el oficio que lo conecta con sus raíces tarmeñas y que ahora comparte con sus vecinos, ofreciendo seis piezas por un sol. “Si no trabajo, me desespero”, afirma mientras acomoda sus canastas. Y entre aromas cálidos y masa recién hecha, sigue honrando un legado que nunca dejó de acompañarlo.