William Rabanal: “Podemos meter a delincuentes a la cárcel, pero no resolvemos el problema de fondo”

El fiscal señala que el patrón de la mayoría de sicarios es la falta de un ambiente familiar
William Rabanal: “Podemos meter a delincuentes a la cárcel, pero no resolvemos el problema de fondo”

William Rabanal: “Podemos meter a delincuentes a la cárcel, pero no resolvemos el problema de fondo”

28 de Enero del 2018 - 09:26 » Textos: Howard Varas » Fotos: Correo

Para el fiscal William Rabanal, la criminalidad es un concepto amplio que abarca temas policiacos, temas de criminología y temas propios del código penal.

“Así, vamos a encontrar criminalidad simple, criminalidad semicompleja y criminalidad compleja; tal cual como la que se está viviendo en el siglo XXI: la criminalidad organizada internacional”, dice. Conocido por su papel en la Fiscalía Especializada Contra el Crimen Organizado en La Libertad, por haber logrado la desarticulación de temibles bandas criminales en la región, Rabanal hoy se desempeña como fiscal de delitos comunes. Es, además, docente universitario.

¿Cómo han evolucionado históricamente las organizaciones criminales en nuestra sociedad? ¿Existe un punto de quiebre del paso de las pandillas juveniles a las organizaciones criminales?

En verdad, las estructuras criminales altamente complejas en el país pueden ser aquellas vinculadas al tráfico de drogas, porque este tipo de criminalidad es la única que puede tener alcance internacional. Después, los grupos criminales dedicados a la extorsión, tráfico de terrenos, sicariato; estos recién están en su apogeo criminal, no tienen la dimensión de las organizaciones criminales que existen en Italia, Japón, China, Norteamérica. Los grupos criminales en el Perú llegan a tener aproximadamente entre sesenta y ochenta integrantes. A los grupos criminales locales yo los calificaría más bien como “bandas criminales”, las mismas que están en proceso de evolución. En Trujillo, una banda que ha tenido una estructura compleja y un tanto sofisticada sería el caso de “Los malditos del triunfo”, pues este grupo sí tenía operaciones definidas y roles específicos; es decir, había algunos sujetos dentro de la empresa criminal que se dedicaban al tráfico de terrenos, otros a la extorsión, y otros al sicariato. El caso de “El cojo Mame” también estaba en esa línea de evolución. Su banda criminal ya casi tenía un alcance nacional.

Se dice que la función preventiva especial de la pena es la resocialización del reo. ¿En nuestra sociedad será esto posible o es solo un mito del derecho penal?

(Risas)… Los penalistas hablan de eso, ¿no? En la Constitución también está la expresión “reinsertar”. Pero basta con ir aquí nada más, al penal El Milagro, y te darás cuenta que allí no vas a resocializar a nadie. En principio porque existe sobrepoblación en dicho establecimiento. No hay estudios pertinentes de psicología. No existen beneficios penitenciarios. No hay trabajo de educadores, de psicólogos. La resocialización hasta ahora en el Perú es inalcanzable. No conozco yo ningún atisbo de que esto sea posible. Yo creo que debe entrar a tallar en este punto la empresa privada. En otros países existe lo que se llama “la privatización de las cárceles”. Con esto tampoco estoy diciendo que esté de acuerdo con la pena de muerte.

Desde el punto de vista criminológico, ¿qué condiciones existen en nuestra sociedad para que se desarrolle la delincuencia de tal manera como ha venido desarrollándose en los últimos años?

Te voy a explicar solamente desde el punto de vista de los sicarios. Hace poco tuve aquí a un sicario. Me dijo: he matado a más de veinte personas. Y yo le respondí: ¿cómo te convertiste tú en sicario y por qué te convertiste en sicario? Y me empezó a explicar que sus padres se separaron, que él terminó viviendo con uno de sus abuelos. “Faltaba el dinero. Empecé robando. Luego tuve que matar. Me empezó a gustar el dinero”, agregó. Entonces lo que falta es ese ambiente familiar. Y mira este tema es muy sencillo, pero es un patrón que se ve en muchos sicarios.

El investigador norteamericano Peter Reuter opinó en una conferencia en Trujillo hace unos meses que las organizaciones criminales fundamentan su poder y “reputación social” infundiendo temor en la colectividad. Sin embargo, este propósito es encauzado y reafirmado por los medios de comunicación a diario. ¿Por qué cree que se da esto?

La verdad no creo que los medios de comunicación, de manera dolosa, se afanen y contribuyan a incrementar esa fuerza o poder de las bandas criminales. De repente, de forma negligente con sus publicaciones puede que de manera indirecta se infunda temor. De lo contrario, tendrían hasta responsabilidad penal, y peor si estuvieran confabulándose con los grupos criminales para perseguir tales fines de aumentar su notoriedad y poder.

Al marginar al delincuente hacia un sistema penitenciario, ¿Ud. cree que se soluciona verdaderamente el problema delictivo de aquel que delinquió o solo se enfrenta apenas un síntoma de estas anomias sociales?

Nosotros los fiscales, y también los policías, aplicamos lo que los norteamericanos llaman “ley y orden”. Detrás de nosotros están los trabajos sociales. Es decir, si queremos cambiar la sociedad lo que tenemos que hacer es trabajo social. Y el trabajo social lo hacen otros profesionales. Yo como fiscal no voy a hacer trabajos educativos porque no es mi rama. Pero sí, es cierto, si no se soluciona el problema de raíz con trabajos educativos y psicológicos, nunca tendremos una sociedad nueva. Nosotros como Ministerio Publico estaremos metiendo a la cárcel a delincuentes, pero al final no solucionaremos el problema de fondo. El punto central está ahí. Obviamente tampoco podemos dejar de aplicar la ley. Otros dicen que para pacificar el país y para que sea más ordenado debemos hacer lo que se aplicó en Singapur: la pena de muerte. Ahora mismo, en ese país no hay delincuencia y eso que estaban más violentos que nosotros. Parece que en Singapur sí resultó eficiente la pena de muerte. También dicen algunos que debemos hacer lo que hacen los países del norte de Europa. En los países del norte de Europa el profesional mejor pagado es el profesor, con un sueldo aproximado de diez mil dólares. Es un honor ser profesor. Y la delincuencia, cero. Hasta existen cárceles de lujo en esos países. Entonces tenemos dos vías como forma ilustrativa.

Volviendo al tema de las organizaciones criminales, ¿qué clase de organizaciones criminales existen en nuestra localidad? ¿Qué semejanzas y diferencias presentan?

Como te decía anteriormente, los grupos criminales que existen acá están en plena evolución. Algunos son bastante jerarquizados y otros son de carácter horizontal. Casi todos los líderes están en las cárceles. En la calle están los lugartenientes, quienes son los que ejecutan las acciones. Después vienen los llamados “cachaquitos”; así se autodenominan ellos. Cada uno cumple su rol, porque eso es parte de una organización criminal: tener un líder, cierta jerarquía, un tiempo de existencia y cumplir roles específicos dentro del grupo criminal. Existe en nuestra localidad algo de eso, pero no está muy bien definido. Hay grupos criminales que se diferencian de otros, claro. Por ejemplo: hay grupos criminales que se dedican netamente al sicariato, grupos criminales que se dedican netamente a la extorsión, y grupos criminales que se dedican netamente al tráfico de terrenos. Pero también existen grupos criminales que tienen un poco de todo lo anterior.

¿Existe presencia del narcotráfico en Trujillo? ¿Qué atisbos verdaderos existen acerca de estas actividades y su injerencia en la sociedad?

La verdad yo no me dedico al tema del narcotráfico. Pero la información que manejo es que sí hay bastante tráfico de drogas acá en Trujillo. Hay una fiscalía de tráfico de drogas, pero no sé cómo están laborando; salvo lo encontrado hace unos años en Huanchaco. Pero sí tengo información de que está saliendo droga por el puerto de Salaverry. Incluso hasta una familia de abolengo en Trujillo estaría metida en esto. Yo no soy especialista en drogas, de lo contrario estaría usurpando funciones, pero sí me han informado del tema, hasta me dieron las rutas sobre estas actividades. Lavado de activos sí hay infinidad.

¿Qué ambiciones presentan las organizaciones criminales trujillanas? ¿En qué se diferencia sustancialmente una organización criminal local de una extranjera?

Las organizaciones criminales trujillanas tienen la característica de cometer delitos para el diario, nada más; sacar para comer o subsistir. En el caso de las organizaciones extranjeras, estas tienen la finalidad de expandirse: Los Marasalvatruchas están en todo Centro América y Estados unidos, la mafia italiana se expandió también hacia Estados Unidos, los Jakuza de Japón están llegando a presenciar en el Perú. Son redes internacionales. Los grupos criminales locales no tienen nada para difundir, ni siquiera códigos para robar tienen. No les veo mayor proyección. Salvo en los delitos de narcotráfico.

¿Si las sociedades se conforman por un espíritu común de solidaridad y tradición, considera usted que la sociedad civil es responsable de los síntomas de la criminalidad, no debería resocializarse ella más bien y no el reo?

(Risas)… Eso dicen los marxistas, ¿no? Así opinan los penalistas también. Pero la responsabilidad es individual, el acto es individual, ¿por qué echarle la culpa a la sociedad? Ahora bien, si partimos de la idea del “bien común”, como sugieres en tu pregunta sutilmente, dependerá, pues, cómo interpretes este concepto filosófico. ¿Y si yo te hablo de una responsabilidad individual, de una justicia individual? Es un tema filosófico. Al final, depende de la posición ideológica que se defienda. La solidaridad no es obligatoria. En una sociedad capitalista cada quien vela por su bienestar. Las sociedades totalitarias como las de Vietnam, Cuba, Corea del Norte (y alguna vez los países del Este Europeo o de la ex Unión Soviética), sí tienen la mentalidad de cuidar a todos sus ciudadanos, porque ese es el punto ideológico de los marxistas. Si tienes esa concepción ideológica obviamente que la sociedad tiene responsabilidad.

¿Hacia a dónde apunta el trabajo del Ministerio Público en su lucha contra la criminalidad organizada?

Actualmente trabajo en fiscalía común. Ya no estoy en crimen organizado. Sin embargo, todos los fiscales tenemos la concepción de lo que establece la Constitución Política: representar y proteger a la sociedad. Esto lo dice la Constitución y también el himno del Ministerio Público, que tiene una frase bien hecha, como esta: “El más fiel guardián de la ley, que asume con devoción”.

Según su experiencia profesional, ¿se podría decir que la realidad de estos hechos delictivos supera muchas veces a la ficción?

Hay casos que sí superan la ficción. Acá los extorsionadores son los más evolucionados. En Virú yo conocí un caso interesante de la agrupación criminal “Los Cagaleche”. Estos tipos habían evolucionado tanto que la extorsión lo hicieron como si fuera un contrato perfecto. Ellos hacían que sus víctimas transfieran sus propiedades mediante un contrato ficticio de compraventa ante un notario. Recuerdo que una agraviada, quien era dueña de una botica, venía pagando mensualmente cuotas hasta que quebró su negocio y ya no tenía dinero para pagar. Los extorsionadores la amenazaban con que la iban a matar, iban a hacerle daño a sus hijos, etc., etc. ¡Los mismos extorsionadores le prestaban dinero a la víctima! Llamaba el líder criminal desde la cárcel y le decía: ¿No tienes dinero?, no te preocupes, ¿cuánto necesitas?, ¿ocho mil? Y luego pasaban a darle el dinero en efectivo. Y así la sobre endeudaban cada mes con sus extorsiones. Luego se cobraron con su casa, con una transferencia ante un notario. Pero finalmente los intervenimos con ayuda de la Policía. Esa agrupación me odia. Me va a odiar siempre.