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Los gatos no siempre manifiestan de manera evidente que sienten dolor o atraviesan un problema de salud. Por ello, cambios aparentemente pequeños en su alimentación, movilidad, aseo o comportamiento pueden convertirse en señales importantes para sus cuidadores.
Esta capacidad de ocultar signos de malestar está asociada a comportamientos instintivos de supervivencia. Como consecuencia, algunas enfermedades pueden avanzar antes de que sus síntomas resulten evidentes.
En ese contexto, y tras conmemorarse el Día Internacional del Gato el 8 de agosto, el ABC de Pacífico Seguros identificó siete cambios de comportamiento que conviene observar y que, ante su aparición o persistencia, deben ser consultados con un médico veterinario.
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1. Tu gato come menos o deja de comer
Una disminución repentina del apetito no debería atribuirse automáticamente al temperamento del animal.
La pérdida de apetito puede aparecer por diferentes causas, desde problemas digestivos o dentales hasta otras enfermedades. Si el gato deja de comer o presenta un cambio marcado en su alimentación, corresponde buscar orientación veterinaria.
2. Empieza a tomar más agua
Observar con qué frecuencia el gato se acerca a beber agua también puede proporcionar información sobre su estado de salud.
Un aumento persistente de la sed puede estar relacionado con diferentes afecciones, entre ellas enfermedades renales o diabetes, especialmente en animales adultos.
3. Cambia su comportamiento al utilizar el arenero
Los hábitos relacionados con el arenero pueden proporcionar algunas de las señales más claras de que existe un problema.
Orinar con mayor frecuencia, dejar de utilizarlo repentinamente o mostrar dificultades para orinar amerita atención.
En particular, si el gato intenta orinar y no puede hacerlo, debe buscarse atención veterinaria urgente, ya que una obstrucción urinaria puede convertirse en una emergencia.
4. Deja de acicalarse o se lame demasiado
Los gatos dedican parte de su rutina diaria a mantener limpio su pelaje. Un cambio considerable en este comportamiento puede estar relacionado con algún malestar.
Un pelaje descuidado puede aparecer cuando existe dolor o dificultad para moverse. En el otro extremo, lamer insistentemente una determinada zona puede estar relacionado con irritación, estrés, dolor o problemas dermatológicos.
5. Se esconde más de lo habitual
Cada gato tiene un comportamiento diferente, por lo que la clave está en identificar cambios respecto de su rutina habitual.
Si un animal que normalmente interactúa con las personas comienza repentinamente a esconderse, aislarse o evitar el contacto, podría estar experimentando estrés o algún problema físico.
6. Ya no quiere saltar o moverse como antes
Que un gato deje de subir a muebles, evite las escaleras o tenga dificultades para saltar no siempre debe considerarse simplemente una consecuencia de la edad.
Estos cambios pueden estar asociados con dolor o problemas articulares.
El material proporcionado cita a la American Animal Hospital Association (AAHA) y señala que la enfermedad degenerativa articular es frecuente en gatos adultos, aunque sus manifestaciones de dolor pueden ser difíciles de identificar.
7. Respira diferente o cambia su forma de maullar
Los cambios en la respiración requieren especial atención. Una respiración anormal, dificultad para respirar o jadeo pueden justificar una evaluación veterinaria inmediata.
Las modificaciones repentinas en las vocalizaciones también pueden aportar información. Si el gato comienza a maullar de una forma o con una frecuencia inusual, conviene observar si existen otros cambios físicos o de comportamiento.
¿Cuándo llevar un gato al veterinario?
No todas estas señales significan necesariamente que exista una enfermedad grave, pero los cambios repentinos, persistentes o acompañados de otros síntomas no deberían ignorarse.
La dificultad para respirar o para orinar, un deterioro evidente del estado general y otros signos intensos requieren atención veterinaria con mayor urgencia.
La recomendación general es conocer los hábitos normales de cada mascota. Identificar tempranamente una modificación en su comportamiento permite comunicar información más precisa al veterinario y facilita una evaluación oportuna.
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