Pasar gran parte de la jornada entre reuniones, responder mensajes fuera del horario laboral o trabajar con interrupciones constantes son dinámicas que pueden terminar afectando el bienestar y desempeño de los trabajadores.
Frente a ello, algunas organizaciones están incorporando el bienestar laboral dentro de sus estrategias de gestión, no solo como un beneficio para sus colaboradores, sino como un factor relacionado con la sostenibilidad de los equipos y su productividad.
El tema es abordado en el estudio global “Lugares Saludables + Personas Felices”, elaborado por Sodexo junto con el International WELL Building Institute (IWBI) y SHAPE Global, que analiza prácticas cotidianas que influyen en la experiencia de los trabajadores.
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¿Cómo influye el bienestar laboral en la productividad?
El informe recoge investigaciones sobre la relación entre las condiciones de trabajo, bienestar y desempeño. Entre ellas cita información de la Universidad de Oxford según la cual mayores niveles de bienestar se han asociado con incrementos de productividad de hasta 13%.
También incorpora investigaciones de Deloitte Global que sitúan las oportunidades de aprendizaje y desarrollo profesional entre los factores considerados por integrantes de la Generación Z al momento de elegir un empleador.
“El compromiso y el buen desempeño no aparecen solos. Se construyen todos los días cuando las organizaciones crean entornos que cuidan la energía de las personas, ordenan mejor la forma de trabajar y promueven liderazgos más cercanos”, señala Milagros Villena, directora de Recursos Humanos de Sodexo en Perú.
A partir de estos hallazgos, se plantean cuatro prácticas orientadas a mejorar la dinámica cotidiana dentro de los equipos.
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1. Reducir reuniones innecesarias y mejorar su organización
Las reuniones pueden convertirse en un problema cuando ocupan buena parte de la jornada y reducen el tiempo disponible para desarrollar tareas que requieren concentración.
Una primera medida consiste en establecer un objetivo antes de convocar una reunión y determinar quiénes realmente necesitan participar.
También se recomienda definir horarios de inicio y término, además de reservar bloques de la jornada para realizar trabajo que requiera concentración y evitar interrupciones.
La finalidad no es eliminar las reuniones, sino utilizarlas cuando resulten necesarias y procurar que tengan objetivos concretos.
2. Dar un propósito a los días de trabajo presencial
En esquemas híbridos, acudir a la oficina puede aportar valor cuando el encuentro facilita la colaboración, el intercambio de ideas o la relación entre los integrantes de un equipo.
Según el estudio citado por Sodexo, el 42% de los colaboradores consultados a nivel mundial asistiría con mayor frecuencia a su centro laboral si pudiera pasar más tiempo de calidad con sus equipos.
Por ello, una recomendación es utilizar la presencialidad para aquellas dinámicas que se benefician del contacto directo y evitar trasladar a la oficina actividades que podrían desarrollarse de la misma manera a distancia.
3. Promover liderazgos que orienten y escuchen
El papel de los jefes no se limita a distribuir responsabilidades o supervisar el cumplimiento de las tareas.
La orientación, la retroalimentación y la capacidad de escuchar al equipo también forman parte de las prácticas que pueden influir en la experiencia laboral.
Esto incluye observar las cargas de trabajo y establecer límites que permitan reducir dinámicas difíciles de mantener durante periodos prolongados, como la conexión permanente fuera de la jornada.
4. Identificar qué está causando desgaste en los trabajadores
No todos los problemas de bienestar laboral tienen el mismo origen. El desgaste puede estar relacionado con el volumen de trabajo, las dinámicas internas, el liderazgo, la organización de las jornadas u otros factores.
Por ello, medir lo que ocurre dentro de los equipos puede ayudar a identificar los problemas antes de decidir qué medidas implementar.
Encuestas, evaluaciones internas y otros mecanismos de diagnóstico pueden aportar información para determinar dónde se concentran las dificultades y diseñar respuestas específicas.
Bienestar laboral no significa reducir las exigencias
Implementar políticas de bienestar no implica necesariamente disminuir los objetivos de una organización, sino revisar las condiciones en las que los equipos deben alcanzarlos.
“Cuidar la energía de las personas, ordenar mejor la forma de trabajar y promover liderazgos más cercanos” son factores que, según Villena, contribuyen a sostener el desempeño de los colaboradores.
En esa línea, organizar las reuniones, establecer espacios para concentrarse, revisar las cargas laborales y respetar los tiempos de desconexión son medidas que pueden incorporarse a la gestión cotidiana de los equipos.





