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Dejó de existir la mujer venezolana que se convirtió en el rostro de las tragedias por los conductores ebrios (FOTOS)

Las quemaduras de tercer grado la dejaron prácticamente ciega, sin nariz, labios, párpados ni cuero cabelludo.
Dejó de existir la mujer venezolana que se convirtió en el rostro de las tragedias por los conductores ebrios (FOTOS)

Dejó de existir la mujer venezolana que se convirtió en el rostro de las tragedias por los conductores ebrios (FOTOS)

25 de Abril del 2019 - 21:29 » Textos: Redacción multimedia » Fotos: Multimedia

Jacqui Saburido fue la mujer que se convirtió en el rostro de las campañas contra la conducción en estado de ebriedad, murió a los 40 años, 20 años después del accidente que le causó gravísimas quemaduras y le cambió por completo la vida.

Era 1999 cuando la joven venezolana interrumpió sus estudios de ingeniería industrial en Caracas para tomar unos cursos de inglés en Estados Unidos. Tenía 20 años, y sobrevivió otros 20 contando su caso, hasta que el cáncer puso punto final a su vida

Junto a cuatro amigos, estaba volviendo de una fiesta en Austin, poco después de las 4 de la mañana. Ella estaba en el asiento del copiloto. Sin embargo Reggie Stephey, de 18 años, también volvía a su casa, y manejaba tras haber consumido alcohol. Se cruzó de carril e impactó de frente contra el otro vehículo. Natalia Bennett y Laura Guerrero fallecieron en el acto. Jacqui sufrió graves quemaduras, pero sobrevivió al brutal choque.

Reggie estaba por terminar la preparatoria y era un atleta que aspiraba a conseguir una beca universitaria. Fue sentenciado a siete años de prisión. Pero "Jacqui tuvo cadena perpetua", expresaba la organización Faces of Drunk Driving, quieb realiza la campaña de concientización sobre el manejo responsable.

Lo único que recuerda Jacqui del accidente es la hélice del helicóptero que la llevó al hospital. Allí fue tratada por las extensas quemaduras de tercer grado que prácticamente la dejaron ciega, sin nariz, labios, párpados ni cuero cabelludo. También perdió el uso de sus manos.

Con el tiempo, recuperó parte de su visión y pudo usar rudimentariamente sus brazos. Tuvo que acostumbrarse a ese tipo de vida.

Desde entonces, desaparecieron su sonrisa y todos sus sueños, metas y anhelos. Pero no su espíritu.

"Emocionalmente no he podido avanzar. Quisiera ser feliz, aceptarme y ser más independiente", reflexionó en una entrevista en el año 2009, cuando se cumplió una década del choque.

Sus últimos años transcurrieron en Guatemala, donde recibía el tratamiento que necesitaba. Empero, José Saburido, su primo, contó al portal Statesman, que su deseo era ser enterrada en Venezuela, junto a su madre, quien murió en 2006, también de cáncer.

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