El pontífice recordó que la tragedia de 1986 sigue siendo una advertencia global sobre los riesgos del uso de tecnologías nucleares. (Andreas SOLARO / AFP)
El pontífice recordó que la tragedia de 1986 sigue siendo una advertencia global sobre los riesgos del uso de tecnologías nucleares. (Andreas SOLARO / AFP)

El papa León XIV exhortó a que la energía atómica sea utilizada exclusivamente con fines pacíficos, durante la conmemoración del 40º aniversario del desastre nuclear de Accidente nuclear de Chernóbil, ocurrido en 1986 en Ucrania.

El mensaje fue pronunciado este domingo al término de la oración del Regina Coeli, realizada en el Vaticano, donde el pontífice recordó el impacto global de la tragedia.

Un llamado a la responsabilidad en el uso de la energía nuclear

Durante su intervención, el sumo pontífice afirmó que el desastre de Chernóbil marcó profundamente la conciencia de la humanidad y dejó una advertencia sobre los riesgos asociados al uso de tecnologías de gran poder.

“Espero que en todos los niveles de toma de decisiones prevalezcan siempre el discernimiento y la responsabilidad, para que cada uso de la energía atómica esté al servicio de la vida y la paz”, expresó el papa.

El pontífice subrayó la importancia de que las decisiones relacionadas con el uso de la energía nuclear se adopten con responsabilidad y orientadas al bienestar de las personas.

Chernóbil, el peor desastre nuclear civil

La explosión ocurrida en 1986 en la central nuclear de Chernóbil es considerada el peor desastre nuclear civil de la historia.

Miles de personas murieron como consecuencia directa e indirecta de la radiación liberada tras el accidente. La cifra exacta de víctimas varía según las fuentes.

Se estima que unas 600.000 personas, conocidas como “liquidadores”, participaron en las labores de limpieza y estuvieron expuestas a altos niveles de radiación.

Un informe publicado por la Organización de las Naciones Unidas en 2005 estimó alrededor de 4.000 muertes confirmadas y previstas en los tres países más afectados, mientras que la organización Greenpeace calculó en 2006 que el número de víctimas podría acercarse a 100.000.