El elector debería castigar en las urnas a dos candidatos que han basado sus campañas electorales nada menos que para ser presidentes del Perú, en la mentira, en tratar de sorprender a los incautos para que voten por quienes no son. Me refiero, sin duda, a Mario Vizcarra, quien pretender ser su hermano Martín, preso por ladrón; y a Roberto Sánchez, el que usa un sombrero cajamarquino pese a ser huaralino, para que lo identifiquen con el golpista Pedro Castillo, al que sirvió como pésimo ministro.
Mario Vizcarra jamás ha sido alguien en la política. Solo se sabe que fue funcionario público regional y que acabó con una condena por corrupción en todas las instancias. Hasta ahora nadie explica cómo así el Jurado Nacional de Elecciones (JNE) le permitió ser candidato. En todo momento ha tratado de ganar el respaldo de la gente, haciéndole creer que vota por su hermano preso, quien antes de ser enviado a la cárcel viajó por el país y se convirtió en un meme en las redes sociales en busca de respaldo pese a que no podía postular.
Era evidente que la campaña en Lima y regiones la hacía el “lagarto” para engañar a la gente, para hacerle creer que sería él el candidato y no su anónimo –aunque casi homónimo– hermano, del que nadie sabe nada, ni siquiera qué propone para el país. Para el bien de los peruanos, la candidatura de Mario Vizcarra, que empezó con buen pie basado en la confusión y la farsa, se ha desinflado. Igual de mentirosa resulta la exposición del comunista Roberto Sánchez, quien se vende como “Pedro Castillo II”.
Usa sombrero cajamarquino, lleva a parientes del golpista en sus listas al Congreso, se rodea de terroristas reciclados, grita propuestas radicales y cargadas de resentimiento, y saca cara por los profesores a los que quiere pagar más de 5 mil soles mensuales sin decir de dónde va a sacar la plata. Se promociona como el gran reivindicador de Castillo, al que traicionó luego del quiebre constitucional, cuando en realidad solo es un pésimo exministro, un integrante más del actual Parlamento de delincuentes y sinvergüenzas.
Nadie que venga con el descaro y la mentira como “estrategias” de campaña, merece el voto de los ciudadanos, especialmente de los que dicen estar hartos de los cuentos de los políticos y piden desterrarlos. Bueno, el 12 de abril todos tenemos una gran oportunidad de mandar a sus casas al menos a este par de farsantes que se apoyan en dos condenados por la justicia, uno por ladrón y el otro por golpista, para llegar a Palacio de Gobierno, a donde solo deberían ingresar cada cinco años los honestos y capaces.




